Abama

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https://hdl.handle.net/11730/guatc/7

Abama es un topónimo de la isla de Tenerife, municipio de Guía de Isora, cuya designación actual se extiende a una zona de costa alta, en ladera, sin especial configuración geomorfológica, situada entre los Barrancos de Chabugo (al oeste) y de la Bica (al este). El topónimo da nombre también a un pequeño poblado que se ha desarrollado modernamente con motivo de las explotaciones agrícolas que allí han tenido lugar, así como a otros topónimos secundarios de la zona. Así aparece, por ejemplo, en el GAC (128 B2) y en la GEC (1994: vol. I). En la actualidad el topónimo Abama ha retomado fama universal por haberse instalado en su territorio un importante complejo turístico con el simple nombre de Abama.

La primera documentación que hallamos de este topónimo la encontramos en los diccionarios geográficos de mitad del siglo XIX de Pascual Madoz (1845-1850) y de Pedro de Olive (1885); a continuación aparece ya calificado como guanchismo en el libro Lenguaje de los antiguos isleños de Álvarez Rixo (1991: 54), con la única descripción de "una parte de costa al O. de dicha isla [de Tenerife]", y a partir de él en las relaciones de nombres guanches de Chil y Naranjo (2006: 283), de Millares Torres (1980: 316) y de Bethencourt Alfonso (1991: 396) y finalmente en los Monumenta de Wölfel (1996: 972).

La descripción más amplificada del topónimo, entre la bibliografía generalmente usada aquí, la hallamos en el Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de Ultramar (Islas Canarias) de Pascual Madoz: "Abama: costa de la isla de Tenerife, prov. de Canarias, part. jud. de Orotava. Se estiende (sic) de oeste á sur entre los barrancos de Serque y de Yeneche" (1986: 37). Así dice la cita de Madoz, plagada de errores y de datos que han quedado anticuados: la provincia es hoy la de Santa Cruz de Tenerife, el partido judicial y municipio el de Guía de Isora, y el barranco el de Erques. El otro barranco que cita de Yeneche es totalmente desconocido en la actualidad: lo tomó del mapa de Tenerife que el cartógrafo Francisco Coello hizo (entre 1848-1870) y que Madoz incluye en su obra.

Pero es que el mismo nombre de Abama aparece con grafías muy erradas en las primeras fuentes históricas citadas: Olive y Chil lo escriben como Abamá; en un documento del Museo Canario (que se supone copia de un escrito de Álvarez Rixo, según Wölfel 1996: 715) se escribe Abania; y Millares Torres lo escribe aún peor: Aramá, seguramente -dice Wölfel- por copiar mal la grafía Abamá de Chil.

En la búsqueda de referencias escritas del topónimo Abama, llama la atención la ausencia absoluta de documentación en las fuentes antiguas de Canarias, tanto en las crónicas e historias como en la documentación registral y notarial (datas, repartimientos, acuerdos de Cabildos, etc.). Esa ausencia documental puede explicarse por la referencia mínima a la geografía que el topónimo debió tener en un principio, probablemente nombrando a un accidente minúsculo, ajeno a todo interés en el reparto de la tierra y de los otros bienes raíces. Por ello es por lo que el topónimo ha debido vivir durante siglos con exclusividad en la tradición oral de los hombres de la zona. Este hecho no es extraordinario en la toponimia guanche, ni siquiera en la toponimia canaria en general (como en la de cualquier otro territorio): el número de topónimos que alcanza notoriedad como para ser registrado a través de la escritura es realmente mínimo, en comparación al número de topónimos reales que existen y que son plenamente funcionales en el habla de una localidad, de una comarca, de una isla. Por tanto nada tiene de extraño el silencio de Abama en las escrituras hasta tiempos relativamente recientes.

Que Abama es nombre guanche parece fuera de toda duda. No solo porque así lo ha considerado la filología hecha hasta hoy, sino porque responde al más simple razonamiento histórico y filológico en relación con el territorio en que el nombre pervive. ¿Podría ser Abama palabra española o portuguesa o francesa o de cualquier otra lengua europea? Española sí podría ser, aunque es rara en el español esa reiteración de la vocal /a/, aparte de no hallarla ni en el habla actual ni en ningún registro histórico, ni lexicológico ni lexicográfico. Pues si no es española (y tampoco románica) tiene que ser guanche, propia de la lengua que hablaron los antiguos habitantes de las Islas.

El ámbito geográfico en que vive ese topónimo Abama está lleno de otros topónimos guanches, como Alcójora, Chabugo, Chasogo, Erques, Iboibo, Tejina, Tijoco, etc., incluso el nombre del término municipal en que se halla es guanche: Guía de Isora. Más aún: la estructura silábica y fónica de la palabra Abama se repite incontables veces en otros topónimos guanches de las Islas, incluso en algunas palabras también guanches que pertenecen al léxico común, en formas muy cercanas a ella y de parecido fonético indudable, con repetición de las tres /a/, como Agana, Anaga, Afara, Amaca, Amara, Famara, Jamama, Samara, etc. o con alguna variante vocálica, como Ajare, Ajames, Irama, Birama,Benama, Diama, Guama, Jama, Jinama, etc. Además de otras con las que podría estar emparentada: Tabano, Asabanos y Tabanesco. Por demás, en el territorio de Abama hay suficientes restos arqueológicos como para asegurar su poblamiento y uso en época prehispánica.

La reconstrucción etimológica de Abama pasa, pues, necesariamente, por acudir a las fuentes orales y a los registros léxicos y lexicográficos bereberes. En su estudio filológico comparativo, dice Wölfel (1996: 972) no hallar para Abama paralelos en la(s) lengua(s) bereber(es). Pero la pone en relación con otras palabras del guanche: tabano, tabona, abona y otras.

En el nombre Abama pueden considerarse los siguientes hechos:


a) La a- inicial representa el morfema del género masculino singular del bereber, según el modelo que vemos en tantísimos otros topónimos guanches.

b) La secuencia consonántica BM en bereber es muy escasa y no participa activamente en el modo de la formación de las palabras, incluso cuando hay intercalación vocálica. No decimos que no exista, sino que está limitada a pocas palabras, lo que se manifiesta también en la toponimia y en el léxico guanches.

c) En el bereber, como en otras muchas lenguas, existe lo que se llama la "raíz expresiva", consistente en una palabra monosilábica con valor semántico, que con frecuencia se une a una raíz temática para dar un matiz despectivo a la primera raíz; así en bereber: anfur 'boca' o a(g)nfur 'hocico'.


En el caso de Abama, si la consonante /b/ fuera realmente una consonante expresiva, podríamos considerar el topónimo de la forma siguiente: a-: morfema del masculino singular; -b-: signo expresivo, y -m-: raíz temática con valor de 'boca, abertura'. Este posible valor semántico de Abama no es extraño a la toponimia. Es una ley de la toponomástica general nominar a multitud de accidentes geográficos (alturas, depresiones, llanos, recodos, curvas, etc.) mediante metáforas antropomórficas a partir del cuerpo humano o del cuerpo de los animales. Así en la toponimia canaria (y desde el español) hay infinidad de Cabezos, Lomos, Frentes, Ojos, Cejas, Pechos, Dedos, Ancones... y Bocas. Se denomina Boca al terreno que de pronto se abre para dar entrada (o salida) a una estrechura, por ejemplo, la de un río o un barranco (y aquí propiamente es una "desembocadura"), la de un puerto de mar (cuando es entrada estrecha que conduce a la dársena) o la de una montaña (aquí llamada simplemente puerto). En la orografía de Canarias, las bocas prototípicas son las de los barrancos al llegar al mar, y de ahí los muchos Bocabarrancos que hay en la toponimia de las Islas (Trapero 1999: 142).

Abama pudo, pues, corresponder, en su referencia inicial, a la fórmula "boca + despectivo", es decir a un lugar con la forma de una desembocadura (percibida como tal), y que podría tratarse de una ladera que va desembocando poco a poco en un lugar más abierto. El conocimiento directo del terreno y la consulta a los más viejos del lugar podrían, quizás, aclarar la referencia geográfica concreta a la que Abama designara, hoy ya plenamente modificada por la acción del hombre sobre aquel territorio y por la propia diversidad referencial del topónimo Abama, como dijimos al principio.

De Luca (2004: 188) considera solo los Charcos de Abama, un poco al sur de la Playa de San Juan, junto al Barranco de Chabugo, y sobre esa realidad dice que Abama procede de a-wa-aman 'el (lugar) que (es) del agua' o 'este que es del agua'. Pero se olvida De Luca -o desconoce- el Abama de tierras arriba, con el impresionante barranco. La evolución hasta el español la monta sobre la escritura más que sobre la fonética: si en su origen la composición fue a-wa-aman, esta debería de haber dado en español *aguamán y no abama.

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MUNICIPIO    Guía de Isora


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