Cres

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https://hdl.handle.net/11730/guatc/1127

Según el DDECan, a la frutilla del haya (o de la faya, como se dice en La Palma, y solo en La Palma) se le llama cres en El Hierro y crese en La Gomera y Tenerife. Además, en Tenerife también se llama así a la fruta del aderno. El plural del término es siempre creses, aunque con género indeciso: las o los creses. A este respecto, dice Rohlfs (1954: 90) que sus informantes de La Gomera lo usaban con género femenino: la cres o la crese. Sin embargo, nosotros lo hemos oído con el artículo masculino; incluso hay dos "pies de romance" que circulan en la tradición oral de esta isla que lo confirman: "Pinta la uva, pinta el crese, pinta la galisma verde" o "Madura la uva, madura el crese y madura la galisma verde", y eso porque esas tres frutas maduran al mismo tiempo, en el mes de agosto. En El Hierro lo hemos oído siempre con el género masculino, y la forma cres es la única que actualmente se usa en el habla popular de esta isla, aunque es muy probable que también se usara en la antigüedad la forma crese, que explicaría no solo el plural, sino también algunos de los topónimos que ha dejado en El Hierro esta voz. Y son la isla de El Hierro y en menor medida la de La Gomera las únicas en donde el término vive con plena vigencia, y hasta con gran consideración, pues las creses sirvieron en tiempos de carencias, tanto antiguos como modernos, como alimento de sus gentes, bien comiéndolas frescas o secas o convirtiéndolas en gofio.

Deben desecharse por erróneas las formas crece y similares con que aparecen escritas a veces estas voces, pues esa c intervocálica es solo fruto de una falsa interpretación, al creer que se trata de un sonido producto del seseo canario; pero no hay tal, pues es palabra guanche.

Curiosamente, en La Palma a los frutos del haya se les llama fayos o fitos, tal como citan Steffen (1956: 65) y Díaz Alayón (1989-90: 136), derivado el primero de ellos del nombre con el que allí se conoce al árbol. El haya o faya es un árbol de la laurisilva canaria que se identifica como Mirica faya, desconociéndose el nombre científico de su fruto, el cres. Es de advertir que desde la erudición botánica se llama siempre a esta especie faya, en contra de la denominación popular mayoritaria de haya (en las islas de El Hierro, La Gomera y Tenerife, incluso Gran Canaria, en que solo se conoce el de haya o jaya, este segundo por aspiración de la h- inicial), razón por la que esa denominación erudita ha empezado a imponerse incluso en la toponimia tradicional, a partir de las publicaciones científicas o divulgativas o de los carteles que se colocan en dichos lugares. Es lo que ocurre, por ejemplo, en El Hierro, llamando y escribiendo El Fayal a lo que desde siempre los herreños llamaron El Hayal o, en todo caso, El Jayal. En este caso, confluyen en las Islas dos etimologías peninsulares: en el caso de La Palma, el portuguesismo faya, por la especial afluencia en aquella isla de pobladores procedentes de los archipiélagos de La Madera y Azores, y en el resto de las islas, el castellanismo haya.

La voz cres ha sido registrada por escrito desde antiguo, pero con muy erradas y desafortunadas grafías, que han dado lugar a interpretaciones quiméricas. Así, Viana, en su Poema (canto III, verso 221), describe una mesa abastecida de los frutos de la tierra:


Ponen en ella gofio de cebada,
leche, manteca, miel y varias frutas,
madroños, y queresas negras...


Esasqueresas negras se han interpretado como 'cerezas', tal cual hizo literalmente Abreu Galindo al hablar de lo que comían los bimbapes herreños: "Las frutas que tenían para su sustento eran mocanes y vicácaros y cerezas, que son como guindas prietas" (1977: 88). Tal dislate, y tan repetido, no puede ser interpretado sino por desconocimiento de la realidad y por confiar en una escritura de un primer escribano español que malinterpretó lo que oyó. Pero no paró ahí. Urtusáustegui, que viajó a El Hierro a finales del XVIII, lo escribió como creces y erúes (sic); Viera y Clavijo, que copió a Urtusáustegui, escribió también erúes; y otros después escribieron ernes, crues, ereses y herues (ver DHECan). Por error de audición (y más aún de escritura) se ha llegado a una diversidad de formas que nunca han existido en la lengua viva, tales como las anteriormente citadas y, además, crés, crez, trecé, crece, creces, etc. Todo ello demuestra una vez más que muchos autores han escrito mucho sobre voces guanches que nunca oyeron pronunciar; o lo que es lo mismo, que escribieron sobre lo ya escrito, sin poner en cuestión su verdadera realidad oral.

Esta abundancia de citas sobre tan minúscula realidad como son las frutillas del haya se debe a la importancia que las creses tuvieron en la vida de los antiguos habitantes de las islas en las que el árbol existía, y tanto de los habitantes prehispánicos como de los hispánicos hasta tiempos relativamente recientes. Del aprovechamiento de las creses entre los guanches hablan los textos anteriormente citados de Viana y de Abreu. De su utilización en los tiempos modernos hemos oído innumerables testimonios directos de gentes de El Hierro y de La Gomera, comiéndolas directamente del árbol, dejándolas "pasar" al sol, tal como se hace con los higos, o en forma de gofio o mezcladas con gofio. Estas informaciones actuales hablan de la utilización de las creses en los años de mayores carestías, pero hay otros testimonios referidos a tiempos más remotos en que el aprovechamiento de las creses era habitual, siendo el tiempo de su recogida alrededor de los meses de agosto y septiembre, cuando el fruto está en su sazón.

Por lo que respecta a la toponimia, solo las islas de El Hierro, La Gomera y Tenerife contienen esta voz, y las dos primeras abundantemente. En El Hierro aparece diez veces, bajo las formas del positivo Cres, de los abundantivos Creal y Cresal y del diminutivo Cresillas; en La Gomera ocho, bajo las formas Cres, Crese, Creses y Creseras; y en Tenerife solo una con el abundantivo Cresal. Obviamente, la toponimia se refiere en este caso no tanto al fruto del haya, sino paronímicamente a la presencia en esos lugares de los árboles que producen las frutillas así llamadas.

Todo ello en la siguiente tabla:


Topónimo

Isla

Mun.

Creal, Hoya del

H

FRO

Creal, Jable de la Hoya el

H

FRO

Creal, Pista de la Hoya del

H

FRO

Cres, El

H

FRO

Cres, El

G

SSG

Cres, El

G

SSG

Cres, Hoyos del

H

FRO

Cres, Pista del

H

FRO

Cresal, Barranco del

H

FRO

Cresal, Barranco el

T

SCT

Cresal, El

H

FRO

Cresal, Pino el

H

FRO

Crese, El

G

VAH

Crese, El

G

VGR

Crese, La Entrada del

G

AGU

Creses, Las

G

SSG

Cresesas, Las

G

SSG

Creseras, Las Joyas

G

AGU

Cresillas, Morro las

H

VAL



De todos ellos, nos parece que el topónimo más conocido es El Cres (Trapero et alii 1997: 134), que designa una amplia zona de la parte alta de la Dehesa herreña, municipio de Frontera, convertida en tierras de cultivo para los vecinos de Sabinosa por una concesión que hizo al pueblo en 1943 el entonces Capitán General de Canarias, dada la escasez de suelo cultivable que tenían sus vecinos.

Sobre el origen guanche del término se han manifestado varios autores: Álvarez Rixo, Pizarroso, Maffiotte, Bethencourt Alfonso, Rohlfs, Álvarez Delgado y otros. También el DHECan lo cree de "posible origen prehispánico", pero, a la vez, admite la posibilidad de que esté relacionado con el castellano cresa (o su variante queresa) 'huevo o larva de ciertos insectos', común en algunos países americanos (Cuba, Colombia y Argentina) y en algunas regiones españolas (Extremadura y Andalucía). En absoluto nos lo parece a nosotros, a la vista de las formas que han pervivido tan firmemente asentadas en el habla y en la toponimia de algunas islas, y más tratándose del fruto de un árbol endémico de Canarias, utilizado, como hemos visto, como alimento por los guanches (como después lo ha sido por los canarios herreños y gomeros en épocas de carestía), por lo que tendría un nombre original que adoptaron los españoles por carecer de uno específico en su propia lengua. La hipótesis del origen hispánico es mucho menos verosímil y mucho más enrevesada. Podría explicarse el cambio del significante desde cresa (castellano) a crese (de La Gomera y Tenerife) y de este a cres (de El Hierro), pero ¿cómo explicar el trasvase del significado 'huevo o larva de ciertos insectos' (castellano) al de 'fruta del haya' (canario)?, ¿solo por la semejanza de formas?

Nada dice Wölfel de ninguna de estas formas en su Monumenta. Y ello evidencia una de las mayores carencias del, por otra parte, magnífico trabajo del investigador austriaco: el desconocimiento que tenía de la tradición oral de Canarias y la parcialidad de la documentación que acumuló y ordenó, basada solo en los textos de referencia histórica. Porque una cosa es la falta de correspondencias entre el léxico de origen guanche y de las lenguas bereberes actuales y otra bien distinta la no inclusión de una voz en una relación que se pretende exhaustiva de guanchismos, como fue el caso de Wölfel.

En efecto, el término cres carece de los típicos afijos guanches y su configuración en nada extrañaría a una etimología románica, pero está detrás el significado específico que tiene en Canarias y la etnohistoria que la realidad así nombrada ha tenido, que apuntan de manera decidida a un origen guanche.

Recientemente, Reyes García (2004d: 4) cree que cres (y crece y crese) procede del primario käraz, masc., sing., existiendo un paralelo inmediato en el dialecto t. ayrt (Níger central) bajo la forma kerrez, s. m. sing., 'semilla, simiente'. Otros dialectos continentales solo emplean el verbo correspondiente, por ejemplo: krez, en kabilio, o shrez, en hablas septentrionales del Marruecos central, con el significado 'labrar, sembrar, crear riqueza'. Y más recientemente, Perera López (2005: 20.88) propone se tengan en cuenta en la explicación de la voz canaria un sinfín de voces bereberes, extraídas de diversos diccionarios de esa(s) lengua(s), como ekres (Foucauld 1952: II, 892; y Dallet 1982: 420), qqerqec, aqerquc y taqerquct (Dallet 1982: 679), kres y kerres (Taifi 1991: 348), qerres y aqerres (Taifi 1991: 542), etc. Mas todo ello no pasa de una acumulación de formas con meras similitudes formales.

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ISLA   EL HIERRO, LA GOMERA, TENERIFE


MUNICIPIO    San Sebastián de La Gomera, Frontera, Vallehermoso, Valle Gran Rey, Agulo, Santa Cruz de Tenerife


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