Eres

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https://hdl.handle.net/11730/guatc/1212

El primer autor que dio cuenta de la pervivencia de la palabra eres en el habla popular de las Islas fue Juan Álvarez Delgado (1940-41: 210-212), quien la recogió de la tradición oral en el Sur de Tenerife (no dice el lugar concreto) con la descripción de ser un "hoyo o poceta formado en las rocas impermeables del álveo de los barrancos, donde se acumula con el agua de lluvia arena fina y limpia". Y la misma voz, modificada por fonética sintáctica al unirse con el artículo en lere (> el eres), la recogió también Rohlfs en Güímar, Steffen en Guía de Isora, Lorenzo Perera en El Escobonal de Fasnia y Antonio Martí (este sin precisar en qué lugar), todo ello en TLEC. Todos esos lugares perteneces al Sur de Tenerife, única isla en que el término eres parece haber pervivido en la tradición oral hasta tiempos actuales o recientes pasados.

Decimos que el primero fue Álvarez Delgado porque la gran obra de Bethencourt Alfonso Historia del pueblo guanche no empezó a publicarse hasta 1991, y en su volumen primero y en la relación de topónimos guanches de Tenerife había anotado que las formas Erales, Ereses y Eritos eran derivados del nombre genérico eres y que existían como apelativos por San Miguel y otros pueblos del Sur de la isla, como Adeje (1991: 423). Y esto debió escribirlo en los últimos años del siglo XIX o primeros del XX, pues él murió en 1912, pero su magna obra fue ocupación para él de media vida. En los últimos años Perera López la ha recogido también de algunos hablantes de El Hierro bajo la forma lere (2005: 7.20) y el DHECan proporciona, a su vez, múltiples registros escritos desde Antonio de Viana, aunque con grafías muy varias: heres, herez, hero, herro, lere y la forma que nosotros proponemos eres.

Dice Juan Álvarez Delgado que cuando se quiere extraer el agua de un eres "se forma un pequeño hoyo en la arena hasta que aparece el agua, dejando sentar el cieno se clarifica, y sacada la necesaria, se vuelve a cubrir el hoyo para evitar la evaporación de la que queda" (1940-41: 210-212). Esto es lo que hacían los pastores conocedores de estos lugares y de esta técnica, y tanto los pastores de época moderna como los antiguos, remontándose hasta la época guanche, de donde viene el nombre y el recurso de proveerse de agua en el campo en el tiempo de sequía.

En la actualidad, como decimos, el término eres es un verdadero arcaísmo, prácticamente desaparecido de las hablas vivas del Archipiélago: un ejemplo más de las muchas voces que, procedentes de la lengua de los aborígenes, pasaron a la lengua de los nuevos pobladores y se mantuvieron con plenitud lingüística (en la expresión y en el contenido) hasta fechas relativamente recientes, porque cumplían una función, aunque fuera solo en determinados sectores de las sociedades insulares. Los tiempos "modernos", con el cambio radical (en realidad, con el casi abandono total) de la vida tradicional del campo, ya los eres o han desaparecido o han dejado de ser significativos. Pero queda la toponimia para atestiguar su vigencia en las islas en que el término existió como apelativo.

Juntando todas las informaciones que nos han sido posible reunir, a partir de todos los repertorios toponímicos actuales del Archipiélago, este sería el panorama actual de la presencia del étimo eres, con indicación de sus formas derivadas y la recurrencia de cada una de ellas en cada isla:




G

H

P

T

Arese




1

Erales




2

Ere




4

Eres




7

Erese

3

2


1

Eresitas


1



Eresito

3




Ereta/Lereta




1

Erilla




1

Eris




1

Erita



1

3

Eritas


1

4

1

Eritos




3

Lere




6

Leres




5

Lerito




2

Leritos




3

Merese


4



Pinolere




1



Llaman de entrada la atención cuatro cosas. Primera, la presencia de este étimo solo en las islas más occidentales del Archipiélago. Segunda, la gran productividad derivativa que tuvo el étimo, hasta conformarse en unidades léxicas que hasta pueden enmascarar su verdadera procedencia, como son las formas Lere,Leres,Lereta, Lerito y Leritos, como resultado de la fonética sintáctica al fusionarse con el artículo, u otras formas que han evolucionado atraídas por la analogía con otras voces hispanas, como pueden ser Eresitas y Eresito. Tercera, la riqueza de formas y la gran cantidad de topónimos que quedan en la isla de Tenerife, lo que explica que fuera en esta isla en donde primero se documentara la voz eres como término vivo en las hablas populares. Y cuarta, que la forma que creemos primaria, eres, queda solo en la toponimia de la isla de Tenerife; sin embargo, en la de El Hierro otras formas que creemos derivadas, como son Erese y Merese se han convertido en nombres de poblaciones, por lo que han tenido y tienen una mayor resonancia toponímica.

En la entrada correspondiente a cada término se dirán los topónimos particulares que lo contienen y sus características morfológicas. Pero dada la gran proliferación de topónimos vinculados a este étimo en la isla de Tenerife, creemos conveniente hacer unas consideraciones generales en particular sobre esta isla. En este caso, la reciente publicación en Internet de la Toponimia de los barrancos de Tenerife, como resultado de un proyecto de investigación dirigido por Pérez Carballo (2011), nos ha servido de fuente principal, que complementa y enriquece de una manera decisiva las otras fuentes habituales con que contamos para la toponimia de esta isla, como es el GAC y las listas de voces guanches de Bethencourt Alfonso.

1. La gran mayoría de los topónimos que llevan uno de estos términos son barrancos y se formulan como tal: Barranco los Eres, por ejemplo en los municipio de Candelaria y GRA; esto es lógico, pues los eres son "accidentes" que están por regla general en los barrancos. Pero otras veces se nombran simplemente Los Eres, por estar en el cauce de algún barranco, como por ejemplo en el municipio de Güímar; en este segundo caso se produce un fenómeno interesante de metonimia aplicable a toda la teoría de la toponomástica, cual es el hecho de que un mínimo accidente, como es un pequeño charco en el fondo de un barranco que contiene agua, sirve para nombrar a todo el barranco, claro es que en estos casos no impera la magnitud del accidente sino su importancia funcional para la vida de los hombres de la zona. Dos ejemplos concretos son el topónimo Fondo los Eres, que recibe un tramo del Barranco de Guergue en el municipio de Buenavista del Norte, y el Cabuco los Eres en el municipio de Güímar.

2. En la gran mayoría de los casos, el término Eres o alguno de sus derivados se convierte en el elemento léxico principal del topónimo, sin ningún otro término localizador, lo que denota el gran poder referencial que tenían los eres en la geografía de la isla; solo muy ocasionalmente se convierte en elemento léxico secundario del topónimo, como en el Barranco Eres de la Tosca, municipio de Fasnia, o en el Barranco los Eres del Puerto, municipio de Arico.

3. Advertimos que las formas Lere y Leres, resultado de la fusión con el artículo (El Ere, Los Eres), aparecen en topónimos de los municipios del Norte de la isla (VIC, SJR, LAG, ROS, REA, ORO, ICO) con la única excepción del Barranco del Charco Lere, que es un tramo del barranco mayor de Tamuja, en el municipio de Guía de Isora. Por el contrario, las formas Eres, Erese y Erales son propias de la toponimia de los municipios del Sur (CAN, GÜI, ARI, FAS, SMI, GRA, ADE,), con la única excepción del topónimo Fondo los Eres del municipio de Buenavista del Norte. Dos buenos ejemplos de la indecisión con que muchas veces se encuentra el investigador de la toponimia en la fijación por escrito de una información recibida oralmente son los topónimos transcritos por el equipo de Pérez Carballo, uno como El Ereta con la variante Elereta, en el municipio de Santa Cruz de Tenerife, y otro como Barranquillo de los Leritos, con la variante de los Eritos, en el municipio de El Tanque.

4. No podemos estar seguros de que todos los topónimos de Tenerife que contienen el término Erita o Eritas procedan de eres, pues ahí puede producirse un conflicto homonímico con el término español era1. Un ejemplo claro de esto es el topónimo Las Eras, convertido hoy en un poblado costero del municipio tinerfeño de Fasnia en la desembocadura del Barranco de la Linde (GAC 135 E1), lugar absolutamente impropio para las eras, entre otras razones porque todo el terreno de esa costa es absolutamente improductivo. Y lo mismo en muchos casos de diminutivos como Erita y Eritas o Erilla y Erillas. Pero damos por seguro que sí lo son aquellos topónimos que son nombres de barrancos, como en el caso de Barranquillo de la Erita, en los municipio de San Juan de la Rambla y ADE. Y también lo son inequívocamente los topónimos que contienen los términos Erito y Eritos, pues el género masculino los delata como diminutivos del masculino eres, además de ser también barrancos, como Barrancos los Eritos, en los municipio de Arafo y GRA. Y para más confirmación de ello, podemos citar otros ejemplos en que se manifiesta esa condición de barrancos y la fusión sintáctica con el artículo: Barranco Lerito, municipio de La Orotava; El Lerito, nombre de un tramo del Barranco Oscuro, municipio de Arona; y el Barranquillo de los Leritos o de los Eritos, municipio de El Tanque.

5. Como un caso ejemplar de sincretismo léxico entre la lengua de los aborígenes canarios y la nueva lengua de los conquistadores podría citarse el caso del topónimo Pinolere, nombre de un pequeño poblado del Valle de la Orotaba, si es cierta la interpretación que hacemos de él en su entrada correspondiente.

Sobre el origen guanche de eres no hay discusión. Su inicial morfológica corresponde a la estructura: i/e- del masculino singular, género que curiosamente conservó al pasar al español. Wölfel (1996: 595) cita esta voz con el sentido de 'charco, alberca' y remite a los paralelos bereberes del Ahagar: iris 'pozo' y eres 'descender'; y del kabilio ires 'tierra arcillosa, barro'. Todas estas palabras figuran en las obras de Laoust sobre la toponimia bereber del Alto Atlas. También aparece como elemento complementario en el topónimo marroquí Azaghar-ires, literalmente 'llano de eres'. Todas estas palabras se han construido sobre la base lexical RS, que es la que encierra el contenido semántico de la voz eres. Admer Sabir atestigua igualmente la pervivencia de la voz iriz entre las hablas bereberes del Sur de Marruecos con el significado de 'agua encharcada o turbia' (2001: 103 y 313).

Por parte de algunos autores se ha creído que el étimo guanche eres está en la base del nombre de la isla de El Hierro y en la del elemento natural más famoso de aquella isla, el árbol garoé. Por ejemplo Giese (1949: 200), quien lo puso en relación con la voz tuareg azar 'source', recordando las citas hero de Viera y herez 'la cisterna' de Abreu. Pero esta relación doble entra más en el terreno de la mitología que de la filología, tal como hemos estudiado por extenso en otro lugar (Trapero 1999a: especialmente 62-64). Documentación no falta para ello en las crónicas primitivas e historias antiguas de Canarias. Wölfel da cuenta en sus Monumenta (1966: 594-596) de los autores que tratan de este asunto: Espinosa, Torriani, Abreu, Sedeño, Viana, Viera, Ulloa, Núñez de la Peña, Olive, Chil, Berthelot, Álvarez Rixo, Millares, Álvarez Delgado, etc. Pero quien mejor recoge esa tradición lo hace desde la literatura, y es Antonio de Viana. Así dice el poeta lagunero al terminar su largo episodio sobre el mítico Garoé:


Úsase hasta agora llamar Heres
a semejantes partes, donde el agua
se suele entretener, y en aquel tiempo
Capraria se llamaba el árbol fértil;
Hera, la arena donde el agua estaba;
y Hero, aquella venturosa isla
a quien dijeron los de España el Hierro,
siéndolo el corromper el nombre propio.
(Canto I, vv. 246-319)


Es decir, que según Viana, el nombre de Hero, del que por corrupción salió el actual de Hierro, deriva de eres, que así se llamaban los charcos en que los bimbapes recogían el agua de aquel "árbol santo" llamado Garoé que "manaba agua". Visto así, más parece literatura -y fantástica- que filología, pero Viana en este punto no hacía otra cosa que poner en verso una tradición tanto oral como escrita muy extendida en su época. Con todo, según dice Wölfel, "hemos de rechazar, sin ningún tipo de dudas [...] la identidad de este vocablo [eres] con el nombre de la isla Ferro-Hierro, que hacen casi todos los autores que escriben sobre las Canarias" (1996: 594-595). Y nosotros estamos de acuerdo.

Otra consideración merece la palabra garoé. El nombre con el que ha entrado en la historia y en la leyenda el famoso árbol de la isla de El Hierro "que manaba agua" es garoé, que se supone es con el que le denominaban los bimbapes. Sin embargo, en la propia isla, sus habitantes, cuando hacen referencia a su existencia histórica, o incluso cuando se refieren al lugar en el que estaba, utilizan mejor ahora la denominación de árbol santo, pudiéndose suponer que el nombre español sea una traducción del nombre guanche, aunque convenga precisar que el significado que tiene aquí el adjetivo santo es equivalente a 'milagroso' o 'prodigioso', y no a la acepción que en el español se relaciona con la religión, como podría desprenderse de los siguientes versos deCairasco de Figueroa:


... y es El Hierro la postrera,
donde distila hoy día el Árbol Santo
que los antiguos veneran tanto.


El primero que lollama garoe (sin acento) es Torriani (1978: 215-217), y detrás de él Abreu Galindo (1977: 83-85), aunque es muy posible que el nombre lo tomen ambos de un mismo manuscrito perdido (el del famoso Doctor Troya), que utilizaron independientemente como fuente de sus respectivas Historias. "Al árbol llaman garoe -dice Abreu-, y al presente los vecinos Árbol Santo, que cierto parece cosa maravillosa y sobrenatural". Por su parte, Torriani, escribe que "en lengua herreña se llama Garoe" y, un poco más adelante, "que los herreños llaman Árbol Santo". Es decir, garoe -repárese que en los dos casos va sin tilde, aunque esto no sea muy significativo por la práctica mayoritaria de la época- es como lo llamaban en su lengua los bimbapes, y "ahora", es decir, a casi dos siglos de conquistada la isla por los castellanos, a finales del siglo XVI, los herreños le llaman árbol santo. El nombre antiguo viene consignado también en alguna de las crónicas primitivas de la conquista de Gran Canaria: garao lo llaman la Ovetense y la Lacunense (cit. Morales Padrón 1978: 112 y 189, respectivamente) y gan (seguramente por errata) la Matritense (ibíd.: 232).

Desde las grafías antiguas al nombre actual hay un cambio de acentuación que no se explica desde una transmisión oral natural. Quien primero escribe garoé con acentuación aguda es Viera y Clavijo (1982: I, 142), con lo que nos planteamos uno de estos supuestos: o la tradición oral actual se constituyó a partir de la escritura de Viera, cosa muy difícil de creer si de verdad ha llegado a ser denominación tradicional, o las grafías antiguas de las Crónicas y de Abreu y de Torriani o son erróneas o no tuvieron en cuenta su verdadera pronunciación. Pero ya decimos que en la tradición popular de la isla de El Hierro la denominación más espontánea es la de árbol santo, sintiéndose la de garoé como un cultismo.

Finalmente, Álvarez Delgado (1944: 246-247) fue quien en los tiempos modernos relacionó el nombre del árbol con el de la isla, a partir de la forma eres, de donde la palabra Hierro derivaría (por confusión fonética o por etimología popular) de una forma primitiva como Hero o Esero y, a su vez, aquella, de eres. Con lo cual, el nombre de la isla de El Hierro vendría a significar etimológicamente algo así como 'lugar de los charcos'. Y si se considera que garoé es también derivación de eres, entonces la palabra haría referencia no tanto al árbol que "manaba el agua", como a la charca o charcas que la recogían.

La tradición oral de la isla de El Hierro no ha conservado hasta la actualidad ese apelativo guanche de eres, pero sí la costumbre de recoger en pequeños charcos, en guársamos, en pozos, en albercas y en aljibes la poca agua que a aquella isla da el cielo. Sin embargo, los varios topónimos que en El Hierro tienen ese componente eres, como son Erese y Merese, hacen verosímil la interpretación de Viana. Y después de Viana, todos se refieren al tiempo antiguo de los bimbapes, pero ninguno atestigua su pervivencia en la lengua viva de El Hierro, cosa importante de señalar, en contra de lo que generalmente se repite (por ejemplo, en Fernández Pérez 1995: 204).

Después de todo lo dicho podrá juzgarse lo que un autor, como Juan Francisco Delgado, sin crítica ni fundamento, y sin base alguna, publicó en un libro titulado Canarias, islas y pueblos, que el Gobierno de Canarias editó con motivo del Día de Canarias de 2007, con una tirada de muchos miles de ejemplares, sobre la palabra eres: que significaba 'agujero para sacar agua a más de 2 m de profundidad' (pág. 11).

1 ¿Podría también estar detrás del topónimo tinerfeño Las Teresitas, denominación de una playa en el término municipal de SCT, de Los Teresos, en Valsequillo de Gran Canaria, y de Teresa / Tesa en Lanzarote? En el caso de Las Teresitas, muy probablemente no, porque teresita es el nombre popular de una planta introducida en las Islas conocida científicamente como Catharanthus roseus (familia Apocynaceae); una especie que, según Pérez de Paz et Hernández (1999:184), procede de Madagascar, y se usa como ornamental en jardinería y a veces aparece asilvestrada en los campos y zonas costeras. Y en el caso de los topónimos de Gran Canaria y de Lanzarote, tampoco, por ser islas en las que -que se sepa- no se conoció el apelativo eres.

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ISLA   TENERIFE


MUNICIPIO    Güímar, Guía de Isora, Fasnia, Candelaria, Granadilla de Abona, Buenavista del Norte, Arico


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