Orobal

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https://hdl.handle.net/11730/guatc/2565

Este término aparece en la toponimia de La Palma en singular, con el solo nombre de El Orobal, y en plural en las islas de Gran Canaria y Tenerife. Pero el término orobal es apelativo común en todo el Archipiélago, aunque de un uso muy restringido, y la especie vegetal a la que designa está en todas las islas, excepto en las más orientales de Lanzarote y Fuerteventura. A ello añadimos que el término orobal no aparece en el diccionario de la Real Academia de la Lengua ni en ningún otro diccionario del español general, tampoco en el diccionario etimológico de Corominas-Pascual, ni siquiera en el CORDE de la Academia, por lo que, en principio, lo consideramos un guanchismo léxico, aunque ya veremos que últimamente el término (pero no con la misma referencia botánica) se ha registrado en otros lugares de la España peninsular.

Varios son los problemas que afectan a esta voz. El primero y más elemental, el de la escritura; el segundo, la identificación de la especie vegetal a la que designa, y el tercero la naturaleza y origen de la palabra. Estos tres problemas juntos no son exclusivos de la voz orobal, sino que afectan a otros casos de especies botánicas que siendo exclusivas de las Islas tienen nombres existentes en el español, y que no sabemos a ciencia cierta si esa coincidencia denominativa es efecto de la homonimia o a la imposición de un nombre hispano a especies que siendo exclusivas canarias en algo se parecían a las existentes en la Península.

En cuanto a la escritura unas veces aparece con b, otras con v y otras hasta con h-. Nosotros uniformamos su escritura siempre como orobal, que es la que mejor representa su pronunciación y puesto que no hay ninguna razón etimológica que aconseje otras grafías, y más si, como creemos, es de origen guanche.

Mayor problema es la identificación de la especie vegetal. Limitándonos al archipiélago canario, el término aparece documentado muy tempranamente, a principios del siglo XVI, en varias datas (repartimientos de tierras) de Tenerife sin más referencia descriptiva que el nombre como límite del repartimiento. Pero en donde aparece dentro de un contexto mucho más explicativo es en el Triunfo canario isleño del poeta Díaz Tanco, escrito entre 1525 y 1535, en que nombra las plantas y árboles del Archipiélago que más le llamaron la atención (a él, siendo extremeño de origen): "vi thexos cadeços, tanbién orouales", y que por extenso hemos citado un poco más arriba en la entrada Orijama.

De este contexto no puede deducirse más que se trata de una especie vegetal, pues tanto aparece en una relación de árboles como de arbustos, y tanto de especies exclusivas (endémicas) de las islas como comunes en España, y lo mismo de nombres castellanos (como olmos, sabinas o palmas) como de otros que son guanches (como balos y tabaibas); otros nombres se refieren a especies endémicas de Canarias, pero no son guanches (como vináticos, thiles o dragos). Y los orouales quedan en ese limbo indefinido de la identificación botánica.

La primera descripción detallada (y muy amplia) del orobal canario la encontramos en el Diccionario de historia natural de Viera y Clavijo (2014: II, 273-275). Lo identifica como la especie Physalis Alkekengi fluruosa. Dice de ella que es un "arbusto que se cría naturalmente en los barrancos y terrenos incultos de nuestras islas", y que es la que en España se llama alkekengi y en Francia coqueret; suele ser de unos diez o doce pies de altura; su tallo es leñoso y la ramificación lateral; tiene las hojas grandes, ovales, con fuerte olor a azufre; las flores son pequeñas con péndulo fino y tienen un cáliz belludo con una corola amarilla, que "nuestros pájaros capirotes las comen con el mayor placer"; y "son buen remedio en la hidropesía y retención de orina". Además de esta especie, que es el común orobal -sigue diciendo Viera-, "tenemos en La Gomera y Tenerife el Physalis arborescens, arbusto que allí llaman sáquicos, cuya hoja es más pequeña y las flores nacen solitarias sobre largos pedúnculos".

La botánica moderna unas veces lo describe como arbusto y otras como pequeño árbol, de entre 2 y 4 metros de altura, muy ramificado, nudoso, de corteza rugosa, verde a marrón o gris claro; hojas grandes, enteras, de color verde intenso, nervios prominentes en el envés; flores axilares, de cáliz campanulado, de color verde pálido, que esconde el fruto o baya verde a naranja al madurar. Añade que es un endemismo canario crece de manera silvestre en zonas secas o algo húmedas, en barrancos o en zonas de cardonales-tabaibales de las islas de mayor altitud, y que se da en todas las islas, excepto en las de Lanzarote y Fuerteventura. Se añade también que es una de las plantas con mayor número de posibles aplicaciones medicinales, y que ha sido usada tradicionalmente para determinados remedios curativos, como para calmar los dolores de huesos y músculos, pero también para limpiar las heridas y golpes. Uno de los autores que ha estudiado los remedios curativos de las plantas canarias ha dicho que "las hojas y la corteza, hervidas, al cabo de una semana, son un buen remedio para enfermedades oculares. La infusión del jugo concentrado de orobal alivia toda clase de dolores reumáticos, de muelas o de frío en los huesos. Los frutos comidos provocan drásticamente la orina. Bebido con vino favorece el sueño" (Jaén Otero 1994: 50).

Pero no es única ni unívoca desde el punto de vista botánico la especie llamada orobal, puesto que tanta diferencia hay en su descripción, unas veces como arbusto y otras como árbol, además de que desde el punto de vista científico se distinguen tres especies con el nombre de Withania:


Withania aristata (Ait.) Pauq. = Orobal del país.

Withania frutescens (L.) Pauq. = Orobal moro.

Withania somnífera (L.) Dun. In DC = Orobal beleño = Ashwagandha.


Además, se dice que la Whitania aristata es endémica de Canarias y del Norte de África, mientras que la Withania frutescens y Withania somnífera son plantas introducidas en las islas, teniendo la última su origen en La India y habiéndose extendido por Europa y África.

Al margen de la identificación botánica, las imágenes que de estas dos últimas especies ofrece internet en nada se parecen al orobal canario. Todo lo que aparece en la Red sobre orobal (así escrito) está relacionado con Canarias (la planta, el nombre de la revista del Colegio de Médicos de Las Palmas, un grupo coral, el grupo folclórico de La Orotaba, el cuento "La flor del orobal", etc.); sin embargo, la búsqueda del término escrito con v ofrece resultados distintos. Lo que la página Wikipedia de internet informa sobre la voz oroval nada tiene que ver con el orobal de Canarias. De las múltiples búsquedas que se pueden hacer se obtiene el siguiente resultado:


Salvia sclarea, clary, o clary sage; es una planta herbácea bienal o perenne de corta vida, perteneciente a la familia de las lamiáceas. Es originaria de la región del Mediterráneo hasta el centro de Asia.

Salvia verbenaca es una planta de la familia de las lamiáceas.

La bufera (Withania somnifera), también conocida como ginseng indio, oroval, orval o hierba mora mayor, es una especie botánica de planta de la familia de las solanáceas (Solanaceae).

Withania frutescens, oroval o bufera, es una solanácea iberoafricana que se puede encontrar en el sur y este de la Península Ibérica (Andalucía, Región de Murcia, Comunidad Valenciana e Islas Baleares), en Marruecos y en Argelia.


Lo que la dialectología canaria dice sobre la palabra orobal se reduce a lo siguiente. El DDECan reconoce la existencia de la voz (en las tres escrituras de orobal, oroval u horoval) en las islas de Gran Canaria, La Gomera, La Palma y Tenerife. Falta la isla de El Hierro, en donde nosotros hemos comprobado la existencia de la voz y hemos visto varios ejemplares de orobal, por la zona de Guarasoca (que nos parecieron más árboles que arbustos, parecidos a los naranjos en la ramificación y en las hojas, aunque mucho menos voluminosos, pero de no menos de 2 metros de altura).

Nada dice el DDECan respecto al origen de la voz orobal, pero sí se han pronunciado otros autores al respecto. Wölfel lo recoge como guanchismo en sus Monumenta (1996: 680), no como topónimo, sino como nombre de la planta a partir de las citas de Díaz Tanco, Viera, Álvarez Rixo y otros, aunque reconoce que la fonética del nombre no es característica del guanche. Dice literalmente: "También en esta ocasión hemos de dejar abierta la posibilidad de que la presente palabra proceda de los aborígenes, aun cuando no dé la impresión de que así sea". Y lo mismo aparece como voz guanche de Tenerife en el vocabulario de vegetales de Bethencourt Alfonso, escrita oroval e identificada como Phissalis aristata (1991: 286). También Álvarez Delgado (1941a: 38 y 92) la considera de origen prehispánico y habla del componente oro- comparándolo con Orotaba, y trae a colación el término de La Palma orisel que según el erudito palmero J.B. Lorenzo era el nombre indígena que se usaba en su isla para la retama (Díaz Alayón 1987a: 134). También Llorente Maldonado, estudiando el vocabulario del ALEICan, clasifica orobal entre las "voces procedentes de las hablas indígenas", no solo por la fonética sino sobre todo "por no encontrar una forma ni siquiera levemente semejante en las lenguas hispánicas o en las lenguas europeas de mayor difusión, tampoco en el español de América ni en las lenguas amerindias" (TLEC).

Si tuviera razón Álvarez Delgado al suponer que en la voz orobal el componente inicia oro- constituye un elemento discernible, la relación que él establece con Orotaba podría extenderse a otros varios topónimos canarios con igual inicio y que nosotros consideramos de origen guanche, entre ellos Orone, Oroja, Orosa, Oropesa y Oroteanda, y aparte los otros que contienen ese elemento en su configuración morfológica, como Taoro, Choro, Doro, Torojel, Torondo y hasta Goro. Pero nada tienen que ver con estos topónimos canarios los compuestos que en español empiezan el elemento oro- (orogenia, orografía, etc.) y que según explica Corominas en su BDELC procede del griego y significa 'montaña'.

Pero ahora, gracias al Tesoro léxico de las hablas andaluzas (2000), se sabe que la voz oroval (escrita ahí con v) se registra en varias localidades de Almería con el significado de 'variedad de mandarino y su fruto' (que es información que se repite con varias entradas en Internet). Ante esta nueva documentación, los autores del DHECan se replantean el origen de la voz y se inclinan a interpretarla como andalucismo.

Ya está planteado el dilema. ¿La coincidencia de una voz canaria con una peninsular asegura siempre la procedencia de aquella de esta? Por regla general, sí, pero sobre todo cuando hay coincidencia en los dos planos del signo lingüístico. En este caso, nada tiene que ver la planta llamada en Canarias orobal con la que se describe en el Tesoro del andaluz, ni los orobales canarios dan naranjas, y todos los especialistas en la flora canaria han afirmado que el orobal canario es un endemismo, es decir, una especie exclusiva de Canarias. Por tanto, queda planteado aquí un problema que no solo es lingüístico, sino también botánico. Las hipótesis interpretativas se abren en abanico: ¿un caso de homonimia? Llama mucho la atención que frente a la muy temprana documentación de la voz orobal en Canarias, la voz peninsular andaluza estuviera totalmente silenciada en los diccionarios españoles generales y hasta en los dialectales andaluces, incluso en el de Alcalá Venceslada y en el ALEA. ¿Será, pues, la voz andaluza un término introducido modernamente para una moderna variedad hortifructífera?

Y no solo en Andalucía y como término de un árbol frutal. En el trance de esta investigación nos enteramos de que el término Oroval (también aquí escrito con v) es apellido tradicional en la región valenciana y nombre de un ave acuática que frecuenta la Albufera, identificada científicamente como Ardeola ralloides y denominada en catalán martinet ros y en castellano garcilla cangrejera (Nard 1963: 77). Con mayor detalle y detención la describe un folleto titulado Catálogo d'els pardals de l'Albufera, publicado en Valencia y en valenciano en 1795: "Orovál. Es lo mateix que garceta blanca, sa grandaria com un Colom. Ve en abril, fa dos cries, ne trau en cada una un parell, y s'enva á Tots Sanets. Es bona de mentjar. Se li dona dit nom en sa recomanacio, y per lo moit que s'aprecia, com que or-val o val-or". Explicación esta última que no pasa de ser una simple y común etimología popular (o caricatura, como suele llamar a este fenómeno Xaverio Ballester, que es quien nos ha proporcionado esta información valenciana). Y con esta misma acepción de ave acuática de la Albufera aparece en la novela Cañas y barro de Blasco Ibáñez: "el oroval, con su color leonado y el buche rojo", siendo esta la única cita que recoge el CORDE de la palabra oroval (con v). ¿No será este término valenciano un caso más de pura homonimia en relación con el andaluz y el canario?

Lo que sí hay que corregir es la recurrencia del término orobal en la toponimia de Canarias. Afonso Pérez (1997: 236) dice que solo se registra en Tenerife. Sin embargo, nuestras investigaciones han dado muchos más registros: dos en La Palma, ambos en el municipio de Mazo, con el solo nombre de El Orobal: uno en la zona del Lomo Oscuro-Malpaíses y el otro más al sur, en la zona de Montes de Luna (Díaz Alayón 1987b: 668), y además los que aparecen en plural en Gran Canaria y Tenerife y que analizamos en la entrada siguiente.

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