Tabaiba

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https://hdl.handle.net/11730/guatc/2819

Tabaiba es el nombre genérico pancanario, de origen guanche, que se da a varias plantas endémicas de Canarias de la familia de las euforbiáceas (Euphorbia regis-jubae, balsamifera, etc.), de madera muy ligera y poco porosa, muy abundantes en todas las islas y propias de las zonas costeras principalmente de los sures.

Las tabaibas forman, junto a los cardones y berodes, la típica vegetación halófila de los suelos de la vertiente sur de todas las islas y en alturas de zonas de "costa", es decir desde el nivel del mar hasta unos 300 o 400 m de altura. Baste decir que la tabaiba es la especie vegetal que mayor presencia tiene en la toponimia de Lanzarote, siendo esta la isla más despoblada de vegetación. Y recuérdese que ya desde la primera descripción que se hace de los suelos de la isla, en la crónica de la conquista bethencouriana Le Canarien (a principios del siglo XV), se destaca precisamente la abundancia de las tabaibas, "que cubren todo el terreno de un extremo al otro, y producen una leche muy medicinal", se dice, claro que los clérigos normandos que escribieron esa crónica desconocían el nombre aborigen y dijeron solo que eran "una especie de hyguyerez" (2003: G, 36v), o sea 'higueras' o 'higuerillas'. La comparación de las tabaibas con las higueras para quien no conozca los campos de Canarias puede parecer absolutamente desproporcionada, pero el hecho es que conviven en unos mismos terrenos y cuando se descuida el cuidado de las higueras las tabaibas se mezclan con ellas e invaden su espacio, a más que las tabaibas cuando son de cierto tamaño tienen un ramaje tan entrecuzado como las higueras, por lo que no es extraño que se les considerase "higuerillas".

Con mucha mayor precisión y conocimiento del terreno la describe Abreu Galindo:


Carece esta isla de Lanzarote de árboles, que no hay sino unas matas pequeñas, que dicen tabaibas; que, aunque su naturaleza sea crecer poco, en esta isla se esparraman por el suelo, porque, como es llana esta isla y por la mayor parte cursan los vientos norte, y este árbol es enemigo del frío, se extiende por el suelo, si no es donde halla piedra, que al abrigo de ella crece tanto cuanto es la altura de la piedra (1997: 58)


La palabra tabaiba se convirtió pronto en uno de los primeros guanchismos generalizados en todo el Archipiélago. No la especie vegetal llamada tabaiba, que esa, gracias a la Naturaleza, ya era general en todos los suelos de las Islas y antes de que arribaran a ellas los hombres a los que llamamos guanches; pero la palabra tabaiba, si hemos de creer al testimonio de Abreu, era exclusiva de Lanzarote, y tuvo que ser desde esa isla desde donde se expandiera al resto de las Canarias, y no por obra de sus antiguas habitantes, sino de los nuevos pobladores europeos que arribaron a Lanzarote a comienzos del siglo XV y continuaron la conquista, primero a las islas de Señorío (Fuerteventura, El Hierro y La Gomera), y después a las islas de Realengo (Gran Canaria, La Palma y Tenerife, por este orden). Este es el proceso que debieron seguir los otros términos que, como tabaiba, se hicieron "pancanarios", entre otros: tamarco,majos, gánigo, gofio, tarajal, gambuesa y guanil. Y no solo los que eran guanchismos, sino también las voces que nacieron o se acomodaron en la isla para designar las nuevas realidades que los europeos se encontraron en sus suelos, tales como jable, mareta y malpaís, y la más segura de todas, guanche, palabra de origen francés que vino a designar a los nativos fijándose en una de sus características físicas más sobresalientes: la asombrosa habilidad que tenían para esquivar objetos lanzados, que eso era lo que significaba la palabra guanche (con las variantes guenche, ganche y gaianche) en el francés medieval de la época (Godefroy 1892: s.v.).

No trataremos aquí de las variedades botánicas con las que vive la planta en Canarias, pero sí diremos que los nombres particulares con que se conocen popularmente algunas de esas variedades (dulce, amarga, morisca, salvaje, zancuda, mansa, del monte, roja, majorera, etc.) han quedado también en la toponimia, como es el caso de Tabaiba Mansa en El Hierro y Tabaiba Dulce en Gran Canaria.

Tres largas entradas dedicó Viera y Clavijo a la tabaiba en su Diccionario de historia natural de las Islas Canarias (2014: II, 486-491) a las tres más abundantes especies: a la tabaiba dulce o Euphorbia dulcis canariensis, a la tabaiba morisca o Euphorbia mauritanica y a la tabaiba salvaje o Euphorbia sylvatica canariensis. El conocimiento que Viera muestra en la descripción fisiológica de las plantas, en las propiedades que cada una de ellas tiene, en los usos particulares que de su sabia y de su madera han hecho los campesinos canarios a lo largo de la historia, pero también de los múltiples usos que podrían hacerse, es de verdadero asombro. De la primera dice que es "indígena y peculiar de nuestras Canarias, de que hacen particular mención algunos viajeros", que algunas apenas se levantan una vara del suelo mientras que otras "descuellan hasta igualarse con una higuera regular" (ibíd.: 486). Y hacemos notar que vuelve aquí la comparación primera que los cronistas de la expedición fancesa de Bethencourt y Lasalle hicieron de las tabaibas con las higuerillas.

La abundancia de tabaibas en los suelos insulares es lo que explica la proliferación de topónimos que llevan su nombre (o alguno de sus derivados): más de 220, y en todas las islas, siendo el término de origen guanche que mayor pesencia tiene en la toponimia de Canarias. Su distribución es como sigue, por orden de frecuencia: 52 en Gran Canaria, 38 en Fuerteventura, 19 en Tenerife, 12 en Lanzarote, 8 en El Hierro, 7 en La Palma y 5 en La Gomera según el GAC, pero últimamente Perera López ha recogido en esta isla unos 90. Claro que esta lectura proporcional resulta de tres factores: primero, de la distinta naturaleza de los suelos de las islas, mucho más áridos y más propicios para ese tipo de vegetación las islas orientales; segundo, de la muy diferente dimensión de cada isla; y tercero, de la distinta intensidad con que ha sido recogida la toponimia en cada una de ellas.

Por otra parte, el uso apelativo que tiene el término en el habla popular de todas las islas es el responsable de la gran variación morfológica que ofrece el término en la toponimia, también uno de los mayores de todo el vocabulario canario de origen guanche. Y esta estadística es mucho más interesante que la cuantitativa anterior:






C

F

G

H

L

P

T


Tabaiba

6

2

16


1

1

3

29

Tabaibal

17


12

4


2

1

36

Tabaibales

4


2





6

Tabaibalete







1

1

Tabaibarril







1

1

Tabaibas

21

7

49

1

3

4

10

95

Tabaibejo


9






8

Tabaibejos


1






1

Tabaibilla

2


2





4

Tabaibillas



1





1

Tabaibita

2

2

4

2

1



11

Tabaibitas


1


1

6


1

9

Tabalillo



1





1

Taibitas





1



1

*Tabaibe1


14

3





17

*Tabaibo







2

2

*Tabaibos



1





1

*Tabaide



1





1

*Tabaire


1






1

*Tabibejo


1






1


52

38

92

8

12

7

19

227


No es tabaiba el término de entre los de origen guanche que mayor variabilidad morfológica presenta en la toponimia de Canarias, le gana en esto el término goro, pero solo porque este vive en dos formas básicas, goro y tagoro, y desde cada una de ellas las variantes morfológicas se multiplican de una manera inusitada. Pero no se queda muy atrás la productividad léxica de tabaiba.

En la toponimia y tratándose de una especie vegetal es lo lógico que el término más abundante sea un colectivo que marque la abundancia de la especie en el lugar y no el término positivo individual. Así es también en este caso: el plural Tabaibas (con más de 90 ocurrencias) y el colectivo Tabaibal (con más de 30) son los más abundantes, siguiéndoles después el singular Tabaiba (cerca de 30) pero que no puede sino tener valor de colectivo, pues nunca un solo especímen de este arbusto, por muy rara o singular que sea la tabaiba, puede servir para marcar un territorio, como sí lo hacen árboles de gran porte, como pueden ser los pinos, o de gran singularidad, como los dragos o los mocanes. Llama la atención después la gran diversidad de formas diminutivas, y tanto en singular como en plural; la más frecuente y extendida por el Archipiélago es Tabaibita, que en esto se corresponde con la norma mayoritaria del diminutivo -ito en las hablas populares de Canarias, seguida de lejos por Tabaibilla, Pero no dejan de ser llamativos los otros diminutivos minoritarios: Tabaibejo, tan característico de Fuerteventura, las formas sincopadas Taibita de Lanzarote y Tabalillo de La Gomera, el diminutivo del colectivo Tabaibalete de Tenerife y el derivado más raro de todos: Tabaibarril de Tenerife. En la toponimia figuran otros términos positivos que se han apartado de la norma mayoritaria y han formado lexemas particulares, como son Tabaibo en Tenerife y La Gomera y Tabaibe en Fuerteventura y La Gomera, con las variantes correspondientes de Tabaire en la primera y Tabaide en la segunda. Finalmente, existe en Tenerife un topónimo con el nombre de Volcán Tabite, en la vertiente sur del Teide, municipio de Guía de Isora, que no creemos relacionado con tabaiba.

La abundancia de diminutivos en la toponimia nos plantea el problema de si esos diminutivos hacen referencia a la propia especie vegetal o al accidente geográfico al que en cada caso nombran; lo primero resulta raro tratándose de unos arbustos, y lo segundo requeriría de un accidente mayor con el que poder comparar el denominado por el diminutivo. Así que es posible que los nombres diminutivos en este caso se refieran a especies vegetales diferentes, tal como ocurre, por ejemplo, en Canarias entre balo y balillo y entre cardo y cardillo, o como la hay en La Gomera entre tabaiba y tabaibo, o como hay diferencias botánicas entre las distintas especies que se llaman todas ellas tabaibas. Pero es lo cierto que en la bibliografía dedicada a la flora de Canarias no encontramos un pronunciamiento a este respecto. Solo el DDECan hace una distinción expresa entre la tabaiba y la tabaibilla (la Euphorbia helioscopia), que en Tenerife recibe el nombre popular de lechetrezna o lecheterna.

Con tal abundancia de la especie vegetal y con tanta cantidad de topónimos no es nada extraño que algunas poblaciones de las islas sean denominadas por ese nombre, y desde antiguo. Dos poblaciones de Gran Canaria con el idéntico nombre de Tabaybal figuran en la Descripción geográfica de las Islas Canarias que el geógrafo Antonio Riviere publicó hacia la mitad del siglo XVIII: una en la demarcación de Telde, entonces con 41 vecinos, y otra en demarcación de Arucas, entonces con 50 vecinos (Riviere 1997: 139 y 143, respectivamente). Esos dos "pagos" de Gran Canaria continúan llevando el nombre de Tabaibal y como es natural han crecido muchísimo en población. Pero otras poblaciones o urbanizaciones más modernas han surgido con igual o parecido nombre: El Tabaibal en La Gomera, municipio de Hermigua; Tabaiba en Tenerife, municipio de El Rosario, y Cuarterías de Tabaibales en Gran Canaria, municipio de Mogán.

El nombre tabaiba se registra desde muy temprano (de 1501 es la data primera de Tenerife que lo contiene, según el DHECan), tanto en documentos de tipo histórico como literario o meramente descriptivo, si bien aparece entonces con grafías muy varias: tabaiba, tabayba, tabaiva, tabaliba, tabayua, thabbayba, tobaiba, etc. Y justamente por ser término de uso tan común, formó siempre parte de los vocabularios de "canarismos" que empezaron a hacerse en Canarias desde la segunda mitad del siglo XIX, y desde ellos pasó al Diccionario de la Real Academia Española, que lo señala como "canarismo" pero con una definición muy poco apropiada: "Árbol cuya madera, muy ligera y poco porosa, se usa para tapones de cubas y barriles". Esta es la voz y la definición que aparece en el diccionario académico desde su edición de 1956, pero antes había aparecido la voz tobaibo en las ediciones de 1936 y 1947. Finalmente, desde la edición de 1992 el DLE recoge también el colectivo tabaibal como "canarismo" y como 'terreno poblado de tabaibas'.

Más interesante aún es constatar la presencia del término tabaiba y algunas otras variantes, como tabaibo, en los archipiélagos de Madeira y de Cabo Verde y en algunos países de Hispanoamérica, aunque sea para denominar allí a otras plantas diferentes. En el caso de los países americanos, llevados allí esos términos por los canarios emigrados desde el momento mismo de la Conquista de las Islas, pero en el caso de Madeira por vía de los guanches capturados como esclavos por los portuguses en la segunda mitad del siglo XV, como han estudiado Siemens y Barreto de Siemens (1974: 111-143), y aplicado en los lugares recipendiarios a plantas que tuvieran látex o que estuvieran adaptadas a la sequía, ambas características típicas de las euforbias. En el caso de Madeira, según Sousa (1950: s.v.) se llama tabaibos a los tunos (o higos chumbos), es decir, al fruto de la tunera, y se llama tabaibera a la planta que da los tunos; pero según el Padre Fernando Augusto da Silva (1950: s.v.) se llama tabaibas a las orejas grandes, sin duda como traslación metonímica desde las grandes "palas" (hojas) de las tuneras. En el caso de los países hispanoamericanos la presencia de este término se centra especialmente en los países del Caribe: en Puerto Rico con las variantes tabaiba y tamaiba, y en Cuba y en la República Dominicana con las palabras atabaiba y tabaibo, aunque aplicadas en todos los casos a especies vegetales diferentes de las vernáculas canarias (ver ahora el TLCA).

La condición de guanchismo del término tabaiba es afirmada por todos, si bien nadie ha podido ofrecer paralelos bereberes que lo expliquen, como es el caso de Wölfel (1996: 668-669).

Últimamente, Reyes García (2004d: 73) propone para el término guanche un étimo bereber no atestiguado *ta-baba, a partir de abubu 'nombre de un árbol', variante registrada en el Sur marroquí. Dice este autor que concuerda con el término abu 'planta del género de la férula' (cañaheja o tapsia muy recomendada para el ganado), viva también en el Sur y en la zona meridional del Marruecos central, aunque para ello habría que admitir un cambio fonético por alargamiento vocálico a > ai. Hasta aquí la propuesta de Reyes. Razonamientos como este son los que han dado lugar a esa nueva ciencia lingüística que podríamos denominar como "etimología al revés", de adelante a atrás, y que consiste en imaginar un étimo que pueda explicar el resultado previamente conocido; o dicho de otra forma: conociendo el resultado, se propone un étimo que pueda explicarlo. ¡Así cualquiera es etimologista! Porque resulta que entre la especie botánica que es la tabaiba y la que Reyes García refiere del Sur de Marruecos no hay más parentesco que ambas crecen hacia arriba, porque la tabaiba es una "euforbia" y la abu una "férula", que ni siquiera coinciden en ser apetecidas por el ganado, pues las euforbias son repudiadas.

Por nuestra parte, algo podemos añadir, al menos desde el punto de vista morfológico. Dado que el término tabaiba participa del modelo t-, prefijo del femenino singular del bereber, el elemento léxico del término sería algo así como baiba, y este debe de ser el verdadero nombre de la planta una vez desprovisto del prefijo. No encontramos en el vocabulario canario una palabra con esa forma autónoma, pero sí otro topónimo de Lanzarote que la contiene y con otro prefijo: Timbaiba. Y desde el lado del bereber, Laoust (1920: 509) señala varias palabras que sí pueden vincularse con la expresión canaria, tanto por lo que se refiere al nombre como a la referencia extralingüística: son las palabras tibi, tibbi o tebibi que designan una especie de malva.

Lo que raya en el disparate son las traducciones que algunos autores diletantes, sin crítica ni fundamento, y sin base alguna, han dado de la etimología de algunas palabras guanches que han pervivido como apelativos en el español de Canarias, como hace Juan Francisco Delgado, autor del libro Canarias, islas y pueblos, que el Gobierno de Canarias editó con motivo del Día de Canarias de 2007 con una tirada de muchos miles de ejemplares, y donde se dice literalmente que tabaiba significa 'esta de ser cortada o pinchada' (pág. 12), aludiendo quizás al jugo de la tabaiba que se usaba con ciertos fines medicinales, pero confundiendo la lengua con la realidad.

1 Ponemos con * los últimos nombres de la tabla porque aunque son derivados o variantes del nombre común de tabaiba no estamos seguros de que en todos los casos se refieran a la misma especie vegetal designada por la voz tabaiba o son erratas en la transcripción de algunos registros.

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ISLA   LA PALMA, LA GOMERA, TENERIFE, GRAN CANARIA, FUERTEVENTURA, LANZAROTE


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