Teide

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https://hdl.handle.net/11730/guatc/3204

El Teide es un inmenso volcán de la isla de Tenerife, siendo el punto más alto del archipiélago canario y de todo el territorio español, con 3.718 m. Ocupa la parte central de la isla, cuya base se asienta es un extenso territorio bastante llano, surcado de enormes lenguas de lava y de algunos volcanes secundarios, y que recibe el nombre de Las Cañadas. Tal espacio natural, siendo de tan excepcionales características geográficas y paisajísticas, fue declarado "Parque Nacional" por el Estado Español en 1954, y "Patrimonio de la Humanidad" por parte de la unesco en 2007.

El término Teide se ha puesto en relación desde antiguo con la idea del infierno que tenían los guanches nativos de la isla, a la vez que otros lo tradujeron como 'monte de fuego', en el primer caso interpretando una creencia aborigen, y en el segundo caso por el hecho de que el Teide se apareció en plena erupción a los primeros navegantes europeos que merodeaban las costas de las islas a lo largo del siglo XIV, a partir de lo cual se llamó a toda la isla de Tenerife isla del Infierno (Wölfel 1996: 515-516). Muchos son los testimonios de aquellos primeros tiempos de la primitiva historia europea de Canarias en que se repite y repite este hecho, como por ejemplo en el "islario" de Benedeto Bordone que escribió un libro en 1528 sobre "todas las islas del mundo" y en el capítulo dedicado a las Islas Canarias, en llegando a la descripción de Tenerife dice:


Tenerife es la isla más alta del mundo y, con cielo sereno, se puede ver desde el mar a una distancia de sesenta leguas (unas doscientas cuarenta millas) y en medio tiene un monte con forma de punta, altísimo, que arde continuamente. Esto es lo que dicen aquellos que la han visto y otros dicen que este monte tenía una altitud de seis millas (cit. Quartapelle 2015a: 176-177).


Ambas explicaciones, la del infierno y la del fuego, se juntan en una sola y misma interpretación, según la idea del antropólogo tinerfeño Juan Bethencourt Alfonso, quien dice que "el apelativo del Infierno no lo dieron a la isla los navegantes que se aventuraban por estos mares, como dicen los cronistas, por sugerirles tal idea el aspecto espantoso de las erupciones [...] Se lo dieron, cuando puestos en contacto con los indígenas de Tenerife tradujeron fielmente la voz guanche Chinechi, Chineche o Achinech, modalidades de un solo término, que significa 'infierno'; que los naturales emplazaban en el centro de la isla, donde moraba Guayota y demás divinidades infernales, siendo el Echeide o Teide la boca de comunicación con el mundo de los vivos o séase la boca del infierno" (1991: I, 218).

Esta anotación final de las "divinidades infernales" se ajusta mejor a la filología del término Teide desde la comparación de la lengua guanche con las lenguas bereberes del Norte de África, de las que el guanche no fue sino una modalidad muy antigua. La voz Teide tiene una forma morfológicamente típica del bereber, perteneciente al modelo de la categoría gramatical femenino singular, equivalente a "esto es de + sustantivo". En su aspecto formal, ese sustantivo que subyace en Teide concuerda bastante con el término bereber aydi 'perro', por lo que el topónimo guanche podría interpretarse, desde el bereber, como 'perrera' o 'lugar donde habitan o abundan los perros'. Y en efecto, se sabe que los guanches tenían entre sus divinidades infernales a unos perros grandes y lanudos que se les aparecían de noche con ojos encendidos como el fuego, a quienes identificaban con el demonio, y que este moraba en el interior del gran volcán, de donde salía el fuego.

En el Poema de Viana se cita siempre como Teyda y se le ofrecen los más altos calificativos: el "sacro monte" y "excelso Adlante", el "alto monte" y "sacro Olimpo", "soberbio" y "celebérrimo", "la alta cumbre plateada / con pura nieve del preexcelso Teida" (canto XIII, 3-4), y será por el Teide por quien los guanches pronuncien sus más sagrados juramentos (canto III, 294). Esta denominación poética de Teyda tiene su correspondencia en un texto prosaico, pero auténtico, en una data de febrero 1511 en la que el conquistador de Tenerife da poder a Diego de Mesa, vecino y regidor de la isla, "para que saquéis e cojáis de la montaña e sierra de Cheyda / Theyda toda la piedra azufre que pudieredes e por bien quisieredes para vos mismo y para llevar e sacar fuera de la isla e la vender, la cual quiero q. vos solo la hayáis e no otra persona alguna" (Datas: doc. 1.184-13). Sin embargo, según Bethencourt Alfonso, en su época el nombre de Cheyda o Echeyde se le daba "a una montañita situada en las faldas del Teide, por el norte, y al poniente de la montaña de Chisere" (1991: 290).

Otros nombres y otras denominaciones encontramos en registros históricos para el Teide. Sierra de Teide se nombra en un documento del Registro del Sello del Archivo de Simancas de 1515 (Aznar Vallejo 1981: doc. 1.088); Barranco de Teyda en una data de Tenerife de 1510 (Datas: doc. 810); Pico de Teida en el interior del mapa de Torriani (1978: 173); Pico de Teyda en el interior del mapa de Briçuela y Casola (2000: 56); Pico del Teide en el de Riviere (1997: 74) o Pico de Teide en el de Quesada (2007: 168), etc. Y una muy destacable, por venir de quien viene, de Alexander Humboldt, el gran naturalista alemán a quien se debe el primer conocimiento científico de muchas de las particularidades de la naturaleza de América; también él estuvo en Tenerife durante unos días del mes de junio de 1799 y tuvo ocasión de subir al Teide y hacer de la gran montaña una de las descripciones más minuciosas y "científicas" que se hayan hecho nunca, y él siempre (o casi siempre) lo llama El Pico o Pico de Tenerife. Y dice:


El viaje a la cumbre del volcán Teide no es solamente interesante a causa del gran número de fenómenos que concurren a nuestras investigaciones científicas; lo es mucho más aún por las bellezas pintorescas que ofrece a los que sienten vivamente la majestad de la naturaleza. Pintar esas sensaciones es tarea difícil de desempeñar; obran ellas tanto más sobre nosotros cuanto tienen algo de vaguedad, producido por la inmensidad del espacio, así como por la grandeza, la novedad y la multiplicidad de los objetos en el seno de los cuales nos hallamos transportados (1995: 121).


Torriani, que le dedica un capítulo entero de su Descripción (1978: cap. L, 173-176), lo denomina "pico de Teida" y dice que es el más alto de los conocidos entonces, superior al Arafat y al Olimpo. Es interesante la descripción que hace de su configuración y lo fatigosa que resulta su ascensión: "La subida se hace en veinticuatro horas a caballo, más dos andando, y con sumo cansancio. Muchas personas han emprendido esta ascensión, y a medio camino se han desanimado, porque casi se puede decir que el hombre se siente salir de sí y padecer las angustias y la náusea que padecen aquellos que navegan en alta mar [...] Toda esta pirámide está cubierta de piedras pómez finísimas, sobre las cuales, al adelantar un paso, se desliza una casi igual distancia hacia atrás; y solo se puede subir con grandísima paciencia y fatiga. En la cumbre se halla una plaza espaciosa, ligeramente ahondada, que se inclina hacia Poniente, con una corona de piedra, que la rodea en todo su circuito, que puede medir 500 pasos". Y concluye Torriani: "Los antiguos isleños lo llamaron Eheide (sic), que significa 'infierno', por el fuego espantoso, ruido y temblor que solía hacer, por lo cual lo consideraban morada de los demonios".

Igualmente el clérigo ilustrado de Tenerife de la segunda mitad del siglo XVIII Dámaso Quesada le dedica un amplio capítulo en su obra Canaria ilustrada (2007: 240-246) con noticias de todo tipo, también lingüísticas, entre las cuales dice que en la antigüedad se llamaba Echeide y que esta palabra procedía de dos dicciones del hebreo: ece con el significado de 'monte' e ide con el significado de 'fuego', corrompido después hasta la forma Eçeide y finalmente a Teide o Teyde. Para concluir que "los Barbaros Guanches de esta Ysla tubieron algun conocimiento de Dios primera causa de todas las cosas; y que había Infierno [...] q. estava en este sitio, para quemar a Guayota, esto es Demonio".

Como término apelativo y dentro de las voces relacionadas con los espíritus malignos estudia Wölfel el topónimo tinerfeño (1996: 515-516). Desde el punto de vista de la expresión, las grafías antiguas con que se escribió, reunidas por el investigador austriaco son (puestas en orden alfabético por nosotros): Echeide, Echeyde, Echeydey, Egeide, Eheide, Ehida, Teida, Teide, Teyda y Teyde. Descartadas las que son simples erratas de escritura, como Egeide, Eheide, Ehida, y descartadas también las que alternan entre i latina e y griega, llaman la atención, en primer lugar, la alternancia de la inicial ch- y t-, común en toda la toponimia de origen guanche y especialmente en la perteneciente a las islas de Tenerife y de La Gomera, que no son sino variantes de expresión del modelo del artículo femenino singular; la presencia de una e- inicial que Wölfel interpreta o como una apoyatura de la consonante siguiente o como variante del "elemento-artículo a- bajo el efecto neutralizante de la i y de la vocal sonora siguiente"; y finalmente, la alternancia de la vocal final a/e. Recuérdese que Viana escribe siempre Teyda y que esta forma no es capricho personal de Viana, pues aparece también en muchas de las primitivas anotaciones, entre ellas en las Datas de Tenerife, y así lo nombra también Torriani. Sin embargo, desde el punto de vista del contenido, después de considerar todas las interpretaciones precedentes, concluye Wölfel que "la palabra sigue sin terminar de aclararse y no hemos logrado ni siquiera una explicación probable".

Difícil es que haya un autor que se haya adentrado en el problemático estudio de los guanchismos y que no haya prestado atención a esta palabra, aunque sea mínimamente. El Marqués de Bute (1987: 75) dice que la raíz del nombre Teide "debe ser ida o una palabra similar". Bethencourt Alfonso (1991: 231 y 290) dice tener serias dudas para que las palabras Cheyda y Echeyde con que los guanches lo designaban significaran solo 'la boca de entrada o de salida del infierno'. Abercromby (1990: 64) clasifica la palabra Echeide entre las palabras "que parecen inexplicables a través del bereber", pero aun así lo compara con las voces bereberes tugedi, tigudi y tauida todas ellas con el significado de 'miedo'. Álvarez Delgado se ocupó del nombre del volcán en varios de sus trabajos, y en uno de ellos (1945a: 38) dice que el significado de Echeide o Teyde sería el de 'paraje fatídico' o 'el fatídico o infernal'. Reyes García (2004b: 217-223) propone la raíz bereber YD, sobre la hipótesis etimológica te-ydi-t 'la perra'; y alude al comentario de Galand (1992-1993: 141) en que cita el término común en el bereber taydit 'perra', como femenino de aydi 'perro'. Finalmente, nuestro colaborador Abrahan Loutf lo interpreta de la manera que hemos presupuesto más arriba. La forma actual Teide responde morfológicamente con el modelo t---ø del bereber que marca la categoría gramatical del femenino singular, equivalente en el español a "esto es de" + sustantivo; el elemento léxico concuerda con el término bereber aydi 'perro', por lo que el topónimo entero podría interpretarse, desde el bereber, como 'la perrera' o 'lugar donde habitan (o abundan) perros'. Otro paralelo inmediato de Teide desde el bereber puede hallarse bajo la forma tayda o zaida (pl. zaidiwin), sustantivo femenino singular construido sobre la base ta---ø con el valor de 'pino' que atribuye al topónimo el valor fitotopónimo de 'el pinar', que creemos mucho menos probable pues el Teide está a una altura muy superior al hábitat natural del pinar.

Mas el nombre del Teide no solo lo recibe el imponente "pico" de Tenerife, pues alrededor de la inmensa montaña hay una serie de accidentes particulares que también lo llevan. Unos son antiguos y otros son modernos, unos son meramente descriptivos y otros metafóricos. Antiguo y descriptivo es Laderas del Teide que bajan precipitadamente sobre el territorio de Icod de los Vinos en la vertiente del oeste de la isla (GAC 122 D2). Metafóricos y más modernos hay tres topónimos que han buscado en la anatomía humana o animal su inspiración. Así, se llama Las Narices del Teide a las bocas dejadas por el volcán Pico Viejo o Montaña Chahorra (GAC 122 C4), situado en la ladera que mira hacia el lado sur de la isla en el municipio de Guía de Isora, que entró en erupción en 1798, siendo este el último episodio volcánico vinculado al Teide. Así, El Culo del Teide al final redondeado de las vertientes de la parte este de la montaña por encima de la carretera que recorre el interior de Las Cañadas (GAC 123 E3). Y así, Los Huevos del Teide se llama a una multitud de grandes piedras redondeadas de un color negro muy oscuro que contrastan con el color amarillento del entorno y situadas a unos dos km del inicio de la ascensión al pico por la ruta de Montaña Blanca (GAC 123 F3); allí hay un cartel que explica su formación como producto de la última erupción del Teide en el siglo XIV o XV: "La lava se solidificaba en su capa más exterior, que unida a la gran pendiente, hacía que parte de esta rodara montaña abajo, como una gran bola de nieve, alimentándose de la propia lava que encontraba y agrandándose aún más a medida que bajaba". El nombre del Teide lo lleva también una población, Santiago del Teide (GAC 119 F1), que a su vez da nombre al municipio situado en la parte más suroccidental de la isla. Moderna es la denominación de Parque Nacional del Teide (GAC 122 D2) y consecuencia de los valores paisajísticos, vulcanológicos, ecológicos y de todo tipo que tiene, título otorgado por el Estado Español en 1954, con una extensión de 13.571 hectáreas y que se ha convertido es el más visitado de toda la red de Parques Nacionales de España. Hay otro topónimo más moderno y meramente turístico, Las Águilas del Teide, que recibe una urbanización turística del municipio de Arona, por debajo del poblado de Chayofa (GAC 136 B1). Y finalmente otro topónimo que no sabemos muy bien si es antiguo o moderno, Agua del Teide, situado a media altura de la ladera de Fasnia (GAC 126 B4), y que es posible sea el nombre de una fuente que vierta las aguas acumuladas en las alturas del Teide.

Mas si hemos de hacer caso a unos registros muy antiguos, y que son de los más fidedignos que podamos aducir, pues aparecen en las primitivas datas de reparto de tierras y de aguas nada más terminada la conquista, había en Tenerife otro lugar llamado Teyda al margen del Pico y sin vinculación geográfica alguna con él. Lo encontramos en dos datas: en la primera, de 1503, el conquistador concede a su criado Pedro de Bovadilla "unas cuevas q. están entre las montañas de Taoro q. han por nombre Teyda" (Datas: doc. 902), y en la segunda, de 1504, otorga a Rodrigo Hernandes "2 c. linda barranco de Teyda y de la otra parte un drago" (ibíd.: doc. 810). Con tales datos no podemos precisar el lugar en que estuvieran esa montaña y ese barranco de Teyda, más que en el amplio territorio de Taoro, pero bien claro queda que no son el Pico del Teide. Y sobre el primero de estos documentos, analiza De Luca (2004: 90) el término Teyda como proveniente del primario amazigh tayda (pl. tiydiwin) con el significado de 'pino', vigente en las poblaciones bereberes del Marruecos Central.

Estos últimos registros plantean dos problemas: el que este topónimo Teyda y el Pico Teide tengan o no la misma identidad léxica de origen, y como consecuencia si tienen o no un mismo significado. Desde el bereber son dos bien distintas las etimologías de entre las muchas propuestas que parecen más verosímiles: por una parte la de aydi 'perro', y por otra la de tayda o zaida 'pino'; la primera explicaría la creencia religiosa que los aborígenes tinerfeños tenían de que en el Teide habitaban los demonios en forma de perros lanudos, tan reiterada en la bibliografía sobre el guanche, y la segunda explicaría la existencia de un pinar en el lugar de ese Teyda de Taoro, que por su altura relativa lo haría perfectamente factible. A este respecto, dice De Luca que habría una concordancia entre Taoro y Teyda, en el sentido de que el 'gran rebaño de ovejas' que significaba Taoro podía tener su lugar natural de pastos en los pinares de Teyda.

En fin, queda planteado el problema para alguien que pueda resolverlo.


Teide en La Gomera. Pero el término Teide no solo pertenece a la toponimia de Tenerife, como se cree generalmente, pues también en La Gomera se le llama Teide a un lugar situado al nordeste del caserío de la Banda de las Rosas, en la margen derecha del Barranco del Ingenio, municipio de Vallehermoso, y dentro de este pago a varios accidentes particulares: Montaña de Teide, Banda del Teide, Pico Teide o Punta el Teide. Dice el recolector de estos topónimos (Perera López 2005: 17.13) que el registro más antiguo encontrado para el topónimo gomero es un testamento de 1823 en donde se consigna el nombre Teide sin artículo previo.

No sabemos si este topónimo de La Gomera es autóctono, es decir, nacido en la propia isla de La Gomera en época prehispánica, o reproducción del nombre de Tenerife en época posterior a la conquista por cualquier proceso comparativo. A favor de la primera hipótesis puede apuntarse que también en Lanzarote se dice que existió la palabra Tinecheide como nombre antiguo del hoy conocido como Islote de Hilario situado dentro de las Montañas del Fuego, hoy conocido internacionalmente como Parque Nacional Timanfaya. Pero esta noticia más parece invención de algún erudito local, divulgado después por la literatura, que verdadero topónimo tradicional. A esta conclusión ha llegado Agustín Pallarés (2014: 328), profundo conocedor de la toponimia de Lanzarote, después de haber tratado de averiguar lo que de verdad había sobre el asunto, con un argumento convincente: si el nombre de Tinecheide se le dio a todo el territorio que se extendía al poniente de las Montañas del Fuego, "porque por ahí hubo de surgir el fuego soterrado de los magmas en repetidas y largas ocasiones... lo cual involucra la idea de infierno, como también lo hace Teide o Cheide en Tenerife", como se dice, ha de considerarse que esas "montañas del fuego" fueron fruto de las erupciones surgidas entre 1730 y 1736, cuando ya la lengua guanche hacía como tres siglos que había desaparecido, y por tanto en caso de que el término Tinecheide fuera anterior a esas erupciones habría que buscarle otra explicación etimológica.

Por tanto, todo parece indicar que tanto el verdadero Teide de La Gomera como el aparente falsario Tinecheide de Lanzarote son términos surgidos del primitivo y único Teide de Tenerife; el de La Gomera por un fenómeno de retoponimización popular antigua, y el de Lanzarote por una amalgama moderna y erudita (y extravagante) juntando el antiguo nombre de Tenerife y el de Teide.

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ISLA   LA GOMERA, TENERIFE


MUNICIPIO    La Orotava, Santiago del Teide, Arona, Fasnia, Vallehermoso


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