ESTUDIO INTRODUCTORIO


10. Identificación de los guanchismos

Ante el corpus general de la toponimia canaria cifrado en unos 40.000 topónimos26 nos debimos preguntar cuáles contenían alguna unidad léxica guanche y cuáles no, y qué marcas distintivas tenían, si en verdad las tenían.

En el campo de la toponimia, se han señalado algunas características, de manera aislada, por distintos autores (también por nosotros), pero sin más argumento que el de la impresión. Por ejemplo, se ha dicho que abundan los nombres breves, a veces de una sola sílaba. Esto es verdad, y podemos mostrarlo en la siguiente relación:

En Lanzarote: Chis, Afe, Nao, Soo, Tao, Ten, Tos, Ye, etc.

En Fuerteventura: Jar, Sí, Sise, Tao, Uga, etc.

En Tenerife: Afur, Cho, Chío, Eres, Erís, Pi, Ye, Yeja, Yeje, etc.

En Gran Canaria: Afón, Nis, Tara, Taro, Taya, etc.

En La Palma: Alén, Faca, Fuca, Maso, Teno, Time, Us, etc.

En La Gomera: Gao, Juel, Taco, Taso, Taño, Tejo, Tías, Tora, etc.

En El Hierro: Cres, Jis, Mol, Nis, etc.

Pero también en la España peninsular los hay: el río Sil, las poblaciones Hoz y Foz, Tus de Albacete, Cox de Alicante, Bres de Asturias, etc., aunque nos da la impresión de que no en tal cantidad como en Canarias y en proporción a la geografía en que se asientan. Y se dice que los topónimos monosílabos representan en cualquier lengua substratos muy primitivos.

Pero frente a los muy breves, la toponimia canaria de origen guanche ofrece no menos sino muchos más ejemplos de nombres larguísimos, y esto sí es más significativo, pues la media de sílabas por palabra de la lengua española se estima en 3 sílabas. Pues en la toponimia guanche hay muchísimos nombres de 4 sílabas, muchos de 5 sílabas y hasta uno de 6 sílabas.

Ejemplos de topónimos de 4 sílabas: Taganana, Guiniguada, Charañoche, Chiguergue, Jaracara, Mancáfete, Mintacaque, Perenquenal, Tamarganche, Tembárjena, Tamisquerche, Tamonerque, Tarascunche, Temisquerche, Tocodomán, Tomocodá, Tonicosquey, Tugurumay, etc.

Ejemplos de topónimos de 5 sílabas: Chuchurumbache, Chimichibito, Agualatunte, Amargabinos, Animosaje, Jinijinámar,Marginayosa, Tabercorade, Tajaniscaba, Tamaragoya, Tanganasoga, Taparratana, Tasacastero, Temejereque, Temejiraque, Tenemuyase, Tenteniguada, Triquibijate, Tesejerague, Artepugache, Areguerode, Amalahuigue, Tajanacunche, Tamanajanche, Teguerguenche, Tejerigüete, Telejigüete, Temisquerche, etc.

Un topónimo de 6 sílabas: Guasimabayena.

Y también es muy significativa la reduplicación de sonidos y hasta de sílabas dentro de una misma palabra, fenómeno que está muy atestiguado en el bereber y que en la toponimia canaria de origen guanche podría atestiguarse en Taganana, Guaguay, Gayagaya, Güigüí, Chinichibito, Chuchurumbache, Tenteniguada, Manana, Guiniguada, Charañoche, Chiguergue, Chimiche, Guayayedra, Jaracara, Pejejé,Tigaiga (en datas antiguas aparece también como Taiga), Taguguy, Cofecofe, Cajecaje,Quiquirá (en documentos antiguos también Quinquiquirá), etc.

Por otra parte, se ha señalado reiteradamente la abundancia de topónimos guanches que empiezan por a?, por t? y por ch?, y la extraña frecuencia de determinados segmentos que parecen léxicos, como gara, guad, guar o taba.

Todos estos fenómenos, cuando se repiten con tal frecuencia, no pueden ser casuales: deben responder a principios generales propios de la lengua a la que pertenecen. Porque, en efecto, la toponimia de un lugar cualquiera se constituye también en un "sistema" lingüístico, igual o paralelo al del lenguaje común. Si existen dificultades para interpretar un topónimo antiguo es, ni más ni menos, porque se ha perdido la referencia del sistema, y así se nos manifiesta como un elemento aislado, asistemático, sin agarraderas en las que poder apoyarnos para su recta interpretación. Como dice Corominas (1972: I, 17-18), el léxico de la toponimia se comporta igual que el léxico ordinario, solo que la fonética histórica deja huellas en la toponimia y en el lenguaje común no.

Además, visto en su conjunto el corpus topónimo de Canarias, este nos muestra determinadas tendencias ?cuando no claras evidencias? en la configuración del topónimo como tal.

Primera: que la gran mayoría de los guanchismos aparecen de manera aislada, con la sola formulación de su lexema, sin artículo ni complemento alguno: Abona, Arure, Arico, Arinaga, Artenara, Acusa, Adeje, etc. La presencia del artículo, tipo El Goro, convierte al término al que precede en un apelativo, razón por la que cuando se da esa construcción estamos ante un guanchismo que funciona como apelativo en el español que se habla en las Islas (o que se habló en tiempos anteriores). Por su parte, el adjetivo calificativo que sigue a un término toponímico manifiesta una cualidad distintiva de su significado, tipo del español Montaña Blanca; en los casos en que esto ocurre en los guanchismos, o estos funcionan (o funcionaron en el momento de constituirse) como apelativos o la calificación se hace al accidente no al nombre, tipo Arico Nuevo y Arico Viejo o Tafira Alta y Tafira Baja.

Segunda: que cuando el guanchismo funciona como término específico de un topónimo compuesto, este aparece calificando especialmente a montañas, picos, riscos o roques, es decir, a elevaciones del terreno, en menor medida a barrancos, casi nunca a hoyas, lomos, morros, playas y puntas y nunca a la toponimia relacionada con la religión (con la religión cristiana) y con la propiedad de la tierra, por razones obvias. Y en estos casos, el guanchismo se une al término español sin elemento de relación alguno, tipo Roque Bentaiga, o mediante la preposición de, tipo Montaña de Tauro; la presencia de un artículo supondría la condición de apelativo del guanchismo, como antes se dijo, o la elisión del genérico español por presuponerse, tipo Pico del Teide > El Teide.

Y tercera: los guanchismos denominan preferentemente accidentes del interior y raramente aparecen en accidentes costeros, cosa que se explica por el poco tránsito y aprovechamiento que los aborígenes hicieron de las costas. Y casi podemos estar seguros de que los actuales guanchismos que dan nombre a accidentes de costa son topónimos trasladados o amplificados desde el interior, caso de Arguineguín en Gran Canaria o de Tocorón en El Hierro.

Trataremos a continuación de sistematizar los hechos y comportamientos que se manifiestan como indicios de la toponimia guanche y de darles una interpretación lingüística. Trataremos de decir cuáles son y cuáles no son topónimos guanches dentro del corpus general de la toponimia canaria. Y procuraremos explicar en cada caso las razones filológicas en que nos apoyamos.

10.1. Hablan a su favor

10.1.1. La fonética exótica

Es un axioma lingüístico generalmente aceptado que la frecuencia con que los sonidos se repiten caracteriza fonéticamente una lengua, y que por la misma razón cuando los fonemas aparecen reiterados con valor distintivo en una misma posición caracterizan fonológicamente a esa tal lengua.

Nos parece significativa la impresión que da el leer un corpus de topónimos guanches y una selección de topónimos españoles peninsulares de pertenecer a dos mundos "sonoros" (y por tanto también lingüísticos) distintos, incluso estando en la segunda relación nombres tan extraños al español actual como los que proceden de las lenguas anteriores al latín. De ello se percató un autor tan agudo en todo sobre lo que opinaba como Unamuno tras su experiencia de desterrado en Fuerteventura. Sobre los topónimos españoles peninsulares escribió un poema:

Ávila, Málaga, Cáceres,
Játiva, Mérida, Córdoba,
Ciudad Rodrigo, Sepúlveda,
Úbeda, Arévalo, Frómista,
Zumárraga, Salamanca,
Turégano, Zaragoza,
Lérida, Zamarramala,
Arramendiaga, Zamora.
Sois nombres de cuerpo entero,
libres, propios, los de nómina,
el tuétano intraductible
de nuestra lengua española.

De los topónimos canarios guanches no hizo Unamuno, que sepamos, un poema, pero sí formuló una aguda observación reuniendo varios de los nombres de lugar de la isla que lo "acogió" en su destierro y a la que, sin embargo, dedicó un libro de sonetos: De Fuerteventura a París27. No es en este libro donde habla de los topónimos guanches de Fuerteventura, sino en un artículo de prensa: "Tabaiba como tarajal parecen nombres indígenas, guanches, tienen la t- inicial característica... de los topónimos de Fuerteventura: Tefia, Tetir, Tizcamanita (sic), Tejuate, Toto, Toscón, Tuineje, Time, Tesejerate, Tindaya, Tao, Triquivijate, Tigurame, Taca, Tamariche, Tamaretilla, Tabaire..."28.

Nada tiene de extraño ese exotismo fonético de los topónimos canarios de origen guanche en cuanto que proceden de una lengua tan ajena y distante del español y de sus tipos lingüísticos, como es el bereber (o líbico-bereber). Ya de ello reflexionó Plinio el Viejo al considerar lo "impronunciables" que resultaban para un latino los nombres de los pueblos y ciudades de los numidios del Norte de África (Ballester 2016: 32). En realidad, lo mismo podría decirse de cualquier lengua ajena, más acentuado ese exotismo en cuanto mayor distancia haya entre los diversos tipos lingüísticos comparados.

Esa fonética exótica ajena al español de los topónimos guanches podría graduarse en tres niveles de percepción:

  1. Los guanches plenos (de fonética característica y palabras largas): Arguineguín, Benchijigua, Tenteniguada, Tembárgena, Beneguera, Agüimes, Chejelipes, Chiguengue, Chuchurumbache, Tamaraseite, Tenteniguada, etc. Seguramente es La Gomera la que tiene los topónimos guanches más raros, algunos casi impronunciables: Tamarganche, Tagaragunche, Tamanajanche, Tamisquerche, Teclerenche, Tejerigüeche... De ello se hace eco Viera y Clavijo: "Montañas eminentes... de las cuales son muy notables por sus sonoros nombres los riscos de Chegueleches y Guariñes, Alcón de Arñulé, Ajúgar, Teguerguenche, Chererepí, Garojona, Arguayoda..." (1982: II, 92). Y sin embargo se han conservado en el español hasta la actualidad, sin duda con conciencia de estar pronunciando nombres "que no son españoles".

  1. Los términos que tienen algún indicio guanche y que no se encuentran en el español: Tegueste, Teguise, Tenerife, Guayedra, Abama,Tacande, Tacote, Tirimoche, Tirimaga, Tigalate, etc.

  1. Los que aparentan ser hispanos: Amacas, Alcusa, Balón, Binto, Juanil, Nublo, Tabano, etc. ¿Quién podría decir que las voces taro, goro, letime, tabona, tenique o gofio, siendo guanchismos indudables, no están totalmente asimiladas a la fonética del español?

Hay tantos o más "guanchismos encubiertos" como "falsos guanchismos". Existe una especie de tentación natural a considerar como guanche a toda aquella palabra que no esté en el Diccionario de la Academia de la Lengua o en los diccionarios dialectales peninsulares, pero también a considerar español a todo término toponímico canario que aparezca en esos diccionarios. Y sin embargo estos segundos pueden encerrar muchas sorpresas que solo la toponomástica (la geografía y la lingüística juntas) pueden aclarar o dilucidar. En todos los estudios sobre el guanche que contengan un buen repertorio de términos de esa procedencia de seguro que se incluirán algunos que no lo son. Pero de seguro que también en esas relaciones faltarán otros términos que siéndolo verdaderamente tienen apariencia hispana. Uno de los ejemplos más evidentes, constatado además por la documentación antigua, es el de Roque Nublo. Pero podrían serlo también -así lo creemos- los que coincidiendo en su significante con términos españoles reconocidos resultan inverosímiles como topónimos tanto por la forma en que se expresan esos topónimos como por los accidentes que nombran en los lugares en que se hallan, como Aguda, Agudo, Asno, Bolsa, Bucarón, Buque, Chirino, Cuba, Funes, Jinés, Golfete, Inés, Jaime, Manco, Maón, Morón / Morión, Ojeda, Ojero, Oronjo, Orosa, Ramón, Rife, Tacha, Tapete, Tinajas, etc. Por su parte, la palabra guanche es la más paradigmática de los falsos guanchismos.

Un ejemplo de esto que intuimos como muy revelador es el nombre de García que lleva, entre otros, el grupo de los famosos Roques de García de las Cañadas del Teide, los que están justo delante de la cara más conocida del Teide, fotografiados cada día por miles y miles de turistas del mundo entero y uno de los cuales, el Roque Cinchado, quizás sea el roque más conocido de todos los de Canarias por haber figurado durante muchos años en el dorso de los antiguos billetes de mil pesetas. La leyenda local dice que el nombre "de García" lo recibieron del apellido de un pastor que frecuentaba la zona, pero pobre y corta motivación tuvo que ser esa para roques tan eminentes y señalados, y además muy poco probable por la casi nula presencia de pastos en la zona en la que están. ¿No podría ser este actual García evolución popular de un antiguo Garafía, que contiene justamente el elemento prehispánico gara, uno de los componentes léxicos más repetidos en la toponimia de origen guanche y que tenía el significado de 'roque'? Ese topónimo actual Roques de García vendría a ser entonces un nuevo ejemplo de topónimo tautológico que repite la misma información en dos lenguas distintas, como lo hace Valle de Arán en la toponimia de la España peninsular y como lo hace Los Llanos de Aridane en la toponimia canaria. Esa intuición que tenemos al contemplar aisladamente el topónimo Roques de García se ve incrementada hasta convertirse en casi certidumbre cuando examinamos en conjunto todos los topónimos que en Canarias contienen el nombre de García. No todos ellos pueden ser de origen guanche, por supuesto, como seguro que no lo son Agua García en Tenerife, Casa del Tío García y Cerco de García en La Palma, Hoya García, Barranquillo de García y Barranquillo de García Ruiz en Gran Canaria y así otros muchos. Pero advertimos que son muchos los topónimos con el específico nombre de García los que se refieren precisamente a roques o a elevaciones individuales muy señaladas, incluso hay otros topónimos con el solo nombre de García, entre ellos los siguientes:

Topónimo

Isla

Mun.

Roques de García

T

ORO

Nariz de García

T

ADE

La García

P

TIJ

Las Garcías

P

PAS

Río de las Garcías

P

PAS

García

C

GAL

Roque García

C

ART

Degollada del Roque García

C

ART

Morra García

L

ARR

Roque García29

G

SSG

Somos nosotros -que sepamos- los primeros que planteamos la hipótesis de que detrás o debajo de esos actuales García estuvo un étimo guanche, pero no somos los primeros en advertir la reiteración del nombre García en la denominación de varios roques o morros en varias de las islas del Archipiélago30. Nosotros suponemos que el étimo guanche pudo haber sido *garafía, término que ha quedado como topónimo pleno en La Palma y El Hierro, y porque incluso contiene el segmento gara que ha sido interpretado unánimemente como 'roque', pero pudiera ser que estuviera en relación con las formas Roque o Piedra Guía o Erguida o Arguida o Ernía estudiadas por Perera López en su Toponimia de La Gomera (2005: 9.63-67).

10.1.2. Los paralelismos interinsulares

Otro buen criterio escrutador es el que proporciona el conocimiento de las respectivas toponimias insulares al compararlas entre sí. Cuando un término como el herreño Jinama falta en la toponimia peninsular pero está presente en Gran Canaria en la forma Jinámar y en Fuerteventura en la de Jinijinámar, estamos indudablemente ante un guanchismo. Este método comparatista interinsular puede ofrecer mucha claridad en el conocimiento de la toponimia guanche, en particular, y en la aproximación al conocimiento del léxico guanche, en general.

La siguiente tabla, que no pretende ser en absoluto exhaustiva en cuanto a las coincidencias y paralelismos interinsulares, pero que sí es representativa, puede ilustrar lo que decimos.

GCanaria

Tenerife

Hierro

Gomera

palma

Lanzarote

Fuerteventura

 

Abona

Tabona

   

pabona

 

Abona

Adeje

Adeje

       

Adejes

 

Agache

Agache/

Gache

Tapogache

 

Ajaches

 

Agüimes

Güímar

   

Bentegüime

Güime

Tenegüime

 
 

Ajagua

       

Ajaguey

   

Alarejos

Alajeró

     

Amagar

   

Amaga

Amagar

   

Amagro

   

Magro

     

Anaga

Anaga

Iganaga

   

Naga

 
     

Argaga

 

Argana

 
 

Arguayo

 

Arguayoda

     

Artaso

   

Taso

Botaso

   

Bentaiga

 

Bentaica

   

Taiga

 
 

Erques

 

Erque

     
   

Erese

Merese

Erese

   

Ereta

Gando

 

Aragando

Agando

   

Agando

   

Garapa

     

Garapa

   

Guilocho

     

Milocho

Guiniguada

       

Iniguaden

 
     

Iscagüe

Iscagua

   
 

Isora

Isora

 

Sora

   

Jacomar

         

Jacomar

 

Jagua

 

Jagüe

     
   

Jase

     

Jase

Jinámar

 

Jinama

     

Jinijinámar

   

Jis

     

Jis

   

Letime

Etime

Time

 

Time

   

Lilegua

     

Chilegua

 

Luchón

Lunchón

Luchón

     

Mafur

Afur

Tanafú

       

Marsagán

Marsagana

         
       

Maso

Maso

Maso

 

Samara

     

Famara

 
 

Tesegre

   

Tesegue

Teseguite

Tesejerague

   

Tesine

Tesina

     

Taborda

Taborno

       

Tabordo

 

Tamadiste

Tamaduste

Tamaduche

     
 

Tamaimo

 

Tamaimo

Tamaime

     

Tamasén

 

Tiomanasén

   

Tomasén

Temosen

Tara

 

Atara

       

Tauro

Taoro

     

Tao

Tao

Tejeda

 

Tejada

   

Tejera

Tejeda

Telde

Teide

         
   

Tejuda

     

Tajuda

Tenefe

Tenerife

Tenerife /

Tenefe

       

Tenoya

Teno

       

Teno

Teror

   

Arure

     

Tirajana

 

Tanajara

Tajanara

       
   

Timijiraque

     

Temejereque

 

Tiones

 

Tion

Tion

Tion

 
   

Torondo

     

Balondo

Uga

   

Tapaúga

 

Uga

Ugan

 

10.1.3. Determinadas marcas morfológicas

Fiarse únicamente de la fonética es un método impresionista, poco o nada riguroso, pero unir ese criterio a otros más seguros, como es el de la identidad formal de las voces toponímicas, no es mal camino para adentrarse en el enrevesado mundo de los guanchismos.

Todas las lenguas tienen "marcas" que se repiten y repiten al principio o al final de multitud de sus voces, así el comienzo al- del árabe o el final -ero del español. Aún sin conocer esas lenguas, tales reiteraciones no pueden sino ser signos de alguna función morfológica. Lo mismo en el guanche. Considerando un nutrido corpus de topónimos canarios de origen guanche se pone de manifiesto una serie de características comunes. Por ejemplo, el comienzo por t- de muchos de los topónimos. El primero en advertirlo fue Abreu Galindo: "Y en su lenguaje comienzan muchos nombres de cosas por t" (1977: 34), y después se ha repetido de continuo en toda la historiografía canaria. Viera y Clavijo añade que "la mayor parte de sus dicciones empezaban por Te, o con Che, o con Gua según se puede observar fácilmente en los nombres de muchas poblaciones y campos que conservan los que pusieron los naturales" (1982: I, 130-131).

Un largo párrafo dedica Álvarez Rixo en su Lenguaje de los antiguos isleños a estas características del comienzo de las palabras guanches como marca peculiar del idioma:

No deja de tener el idioma canario sus particularidades, que ayudarán a inquirir su origen. Una es que en más de 700 vocablos que hemos reunido, apenas 3 nombres de persona y 3 de lugares empiezan por D. Los que comienzan por J pudiera muy bien sustituírseles por X áspera, puesto que causan el mismo efecto y antiguamente nuestros A.A. así solían hacerlo en muchísimos diccionarios... No consta que tuviese K, salvo que se quisiese sustituirla a los 4 o 5 vocablos que dichos A.A. nos dejaron escritos con C, como carianas, cancha, etc. Tampoco se encuentra nombre alguno empezado por L ni que tenga Ll en principio ni en medio de sus dicciones. La N es muy rara, pues apenas ocurre en 2 nombres personales y otro de territorio. La Q es aún más peregrina, sólo en el adjetivo quevehi la vemos figurar de primera letra. Los que empiezan por P y por R también son pocos. La V tal vez no la tuviese, sino B, porque en aquellos tiempos los castellanos no hacían diferencia en la manera de pronunciar ambas letras; así vemos que al escribir no había la oportuna distinción sino la mera práctica provenida del latín, lo que podía suceder en las lenguas desconocidas para ellos, cual el dialecto canario [guanche] (1991: 26).

Y es Álvarez Rixo el primer autor que hace una estadística de estas marcas iniciales como característica diferencial (1991: 87). Así, dice que de las 571 palabras guanches estudiadas por él, 111 empiezan por A (que representan el 19%); 69 por G (el 12%) y 151 ?las más? por T (el 26%).

En efecto, siguiendo con este procedimiento, modernamente, un autor aficionado a las cosas de Canarias y en especial a su prehistoria, Francisco Padrón, se ha dedicado a recontar las iniciales de los topónimos guanches (trabajo inédito, comunicado gentilmente por el autor). Y aunque el corpus por él reunido no es homogéneo, pues mezcla fuentes antiguas y modernas, fundamentalmente escritas, los resultados son muy ilustrativos: de un total de 2.142 topónimos, son 710 términos los que empiezan por A (el 33%), 176 los que empiezan por B (el 8%), 340 por Ch (el 15%), 311 por G (el 14%) y 605 por T (el 28%).

Otra estadística a considerar: En el Índice onomástico que Vicenta Cortés (1955) realizó de esclavos indígenas canarios vendidos en Valencia, el total de 163 nombres tiene los siguientes comienzos: por A empiezan 80 nombres (el 49%), por B solo 9 (el 5%), por C 12 (el 7%), por Ch otros 12 (el 7%), 9 por G (el 5%) y 15 por T (el 9%).

Y de nuestro corpus toponímico, formado con exclusividad a partir de la tradición oral moderna, de un total de 3.615 unidades léxicas de origen guanche (entiéndase aquí "unidades léxicas", no topónimos, contempladas las variantes registradas por cada topónimo), resultan los siguientes datos:

Términos que empiezan por

Inicial

Entradas

Variantes

Total UL

% /total

A

350

97

447

12,4

B

209

56

265

7,3

C*

97

23

120

3,3

Ch

256

60

316

8,7

D

16

7

23

0,6

E

71

22

93

2,6

F

73

14

87

2,4

G

316

68

384

10,6

H

3

1

4

0,1

I

82

14

96

2,7

J

202

52

254

7,0

L

85

24

109

3,0

M

243

51

294

8,1

N

25

13

38

1,1

Ñ

3

1

4

0,1

O

35

11

46

1,3

P

57

12

69

1,9

Q

10

1

11

0,3

R

25

7

32

0,9

S

96

22

118

3,3

T

584

152

736

20,4

U

28

17

45

1,2

Y

17

7

24

0,7

Totales

2.883

732

3.615

100

*Excluidos los que empiezan por Ch-, que tienen su particular recuento.

Obviamente estas distintas estadísticas no pueden resultan ser homogéneas porque no lo son los distintos corpus de los que proceden, diferentes tanto en la cantidad como sobre todo en las fuentes desde las que se formaron. Pero fijándonos exclusivamente en los porcentajes de cada una de las anteriores muestras y en los comienzos de los términos resultan los siguientes datos significativos:

Corpus

A

B

C

Ch

G

T

Álvarez Rixo

19

     

12

26

Vicenta Cortés*

49

5

7

7

5

9

Francisco Padrón

33

8

 

15

14

28

Nuestro corpus

12,4

7,3

3,3

8'7

10'6

20'4

*La evidente desproporción entre el porcentaje de este corpus y los otros se debe a que en la relación de nombres de los esclavos guanches considerados por Vicenta Cortés predominaban con mucho los hombres sobre las mujeres.

Claramente, alguna característica morfológica debió tener la lengua que hablaron los aborígenes de Canarias como para que la mayoría de sus voces empezaran o por A o por T, y que tanta importancia tuvieran también las iniciadas por Ch y por G, y eso a pesar del indudable proceso de españolización que en algo habrá cambiado su configuración fonética original. De la tabla resultante de nuestro corpus hablaremos con más detenimiento en epígrafes posteriores, pues encierra multitud de características y enseñanzas sobre la lengua de los guanches.

Y no sólo el comienzo de las voces, también son significativos algunos finales: de nuestro corpus resulta que las voces que terminan en -te o -che suman más de 250, lo que representa un 6,9%. Y una combinación mucho más extraña pero muy característica: las voces que empiezan por t- y terminan por -t (o -ch + vocal) son más de un centenar, lo que representa un 3,5%. Y además de ellos, son más significativas aún las combinaciones que se forman dentro de cada uno de estos grupos, como comentaremos en sus lugares correspondientes.

Todos estos datos no explican por sí solos hechos lingüísticos ni aseguran interpretaciones filológicas, pero caracterizan unos modelos léxicos formales. Buscar una explicación desde el comparatismo no garantiza un resultado seguro, pero sí asegura un método acertado. Desde el modelo morfológico del bereber pueden explicarse muchos topónimos guanches, si no en su totalidad, sí al menos en alguno de sus componentes, que aparecen de manera muy reiterada sobre todo al principio de sus voces. En efecto, el bereber es una lengua de una firme estructura nominal, a cuya base léxica se le unen los elementos morfológicos capaces de dotar al nombre de un valor gramatical.