Goro

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https://hdl.handle.net/11730/guatc/1509

El término goro, siendo de origen guanche, se españolizó pronto y ha vivido como nombre común en las hablas de todo el Archipiélago, habiéndose multiplicado en su flexión y derivación hasta convertirse en el término de origen guanche que mayor variación formal y morfológica tiene en el español de Canarias. Y desde esa condición de término apelativo pasó a la toponimia con todas las virtualidades morfológicas que el sistema de la lengua le permitía: con variación de género (tagoro / tagora) y de número (goro / goros, goran / góranes, gorón / gorones, etc.); desarrollado en diminutivos (gorito, gorillo, gorete...) y en aumentativos (gorón), incluso en un diminutivo menospreciativo (gorucho); en formas prefijadas (higuera engoronada); en variaciones fonéticas (guro, gurón, guriete); en lexema autónomo con significado específico (gorona en El Hierro); incluso en la forma verbal (engoronar), etc.

Todo ello viene a demostrar que no es difícil encontrar en la toponimia ejemplos que muestren las mayores posibilidades de la "gramaticalización del léxico" del sistema de nuestra lengua; dicho de otro modo, que en el léxico de la toponimia podemos encontrar ejemplos de productividad derivativa que no hallamos en el lenguaje común, y muy especialmente en el caso de los diminutivos y aumentativos (Trapero 2000: 207-236). Además, la toponimia es testimonio fidelísimo de las dos formas con que esta palabra vivía en la lengua de los aborígenes canarios: la prefijada tagoro y la simplificada goro, a no ser que la pérdida de ese prefijo guanche ocurriera ya en época hispana.

De todos los lugares que en la actualidad llevan este simple nombre de goro, quizás el más conocido sea el El Goro de Gran Canaria, en el municipio de Telde, pero no por lo que en su origen pudo ser, vinculado al mundo pastoril de los aborígenes, sino por lo que por razón del progreso y desarrollo industrial de la isla ha llegado a ser: un importante polígono industrial que a, su vez, ha dado nombre a múltiples topónimos secundarios.

Para poder apreciar la extraordinaria productividad derivativa del étimo guanche y a su vez de la extraordinaria recursividad que todas esas formas tienen en la toponimia de Canarias, hemos elaborado la siguiente tabla:




C

F

G

H

L

P

T

Total

Chigora







1

1

Goran




1




1

Góranes




2




2

Goretes

1







1

Gorillo

1







1

Gorillos

1







1

Gorito

3




1



4

Goro

5




1



6

Gorón







1

1

Gorona




22


7


29

Goronas




1


3


4

Goroncitas




1




1

Gorones






3


3

Goronilla



2





2

Goronita




1




1

Goros







6

6

Goroy


1






1

Gorucho






1


1

Gurachito



1





1

Guro



8





8

Guriete

4







4

Gurencita



1





1

Gurillos



1





1

Gurito



2





2

Guritos



1





1

Gurón



15





15

Gurona



68





68

Guroncita



3





3

Guroncitas



2





2

Guroncito



2





2

Gurones



1





1

Guronilla



2





2

Guronita



1





1

Guronitas



1





1

Guros



12





12

Gurunejas



1





1

Tagora



3




4

7

Tagoras







1

1

Tagorillo







1

1

Tagorito

1






3

4

Tagoritos







1

1

Tagoro







11

11

Tagoror

1







1

Tagoros







1

1

Tegoray




1




1

Tegorín




1




1

Tigurote




1




1

Total

17

1

127

31

2

14

30

222


Por la complejidad de formas variantes y por la productividad que este término tiene en la toponimia de todo el Archipiélago, así como por la gran cantidad de información etnográfica que existe sobre los goros o tagoros, como también de información lingüística, y por la importancia que estos tuvieron en la prehistoria de Canarias y que se refleja en la arqueología actual, creemos conveniente hacer un tratamiento diferenciado de este artículo dando entrada a diversos epígrafes.

Formas variantes y derivadas presentes en la toponimia

Puede que en su origen bereber o guanche existiera una única raíz goro (alternante con la forma prefijada tagoro), pero en la actualidad las formas conservadas en Canarias, tanto en el léxico común como en la toponimia, parecen proceder de los cuatro lexemas base siguientes:


1. Desde la forma goro, los siguientes términos toponímicos: Goro en Gran Canaria y Lanzarote, Goros en Tenerife, Gorito (con la variante Corito) en Lanzarote, Gorillo y Gorillos en Gran Canaria, Goretes en Gran Canaria, Gorón en Tenerife, Gorones en La Palma, Gorona y Goronas en El Hierro y La Palma, Goronita y Goroncitas en El Hierro, Gorucho en La Palma y Guriete en Gran Canaria (como variante de Gorete). Y desde la variante guro, específica de La Gomera, allí existen topónimos con las siguientes formas: desde la forma primaria guro > Guro, Guros, Gurillos, Gurito y Guritos; desde el aumentativo masculino gurón >Gurón, Gurones y Guroncito; y desde el aumentativo femenino gurona > Gurona, Guronilla, Guronita, Gurunitas, Gurencita, Guroncita, Guroncitas, Guronitas y Gurunejas.1

2. Desde la forma prefijada tagoro (o tegoro o tiguro), los siguientes términos toponímicos: Tagoro y Tagoros en Tenerife, Tagoror en Gran Canaria, Tagorito en Tenerife y Gran Canaria, Tagoritos en Tenerife, Tagorillo en Tenerife, y Tagora en Tenerife y La Gomera.

3. Desde la voz goran, que es común en El Hierro, los términos toponímicos Goran y Góranes en El Hierro, y además el adjetivo engoronada que aunque no hemos encontrado en la toponimia de aquella isla es palabra de uso corriente para referirse a los círculos de piedra que rodean y protegen las higueras y otros árboles frutales.

4. Desde un indocumentado *chigoro se halla el topónimo Chigora en Tenerife, como forma variante de Tagora por la alternancia frecuente en los topónimos de esa isla de los prefijos t-/ch- .

5. Finalmente, hay una serie de términos que pudieran estar vinculados a goro o a tagoro pero que tienen un desarrollo particular que no se ajusta al sistema derivativo normativo del español; estos son Guriame en La Gomera, Guriame y Goroy en Fuerteventura, y Tegoray, Tegorín (o Tagorín o Togorín o Tigurín) y Tigurote en El Hierro.


Se observa que todos estos términos o al menos alguno de ellos tienen presencia en la toponimia de todas las islas, en todas menos en Fuerteventura, si exceptuamos el topónimo Guriame de muy difícil vinculación a goro. La razón no puede ser otra que el hecho de que en esa isla el término aborigen para esa clase de referencia fuera otro u otros distintos, e intuimos que eran esque, esquén, lesque y otra larga serie de derivados que han dejado una también extensa relación de topónimos en aquella isla.

De la aparición y presencia de cada uno de estos términos en la toponimia canaria se da cuenta en sus correspondientes entradas. Pero trataremos aquí, conjuntamente, de su etimología, referencias significativas y demás comentarios filológicos.

Presencia de estas voces en los diccionarios dialectales canarios

La moderna lexicografía canaria da cuenta de las siguientes voces apelativas: engoronado/a, goran, gorete, goro, gorón y gorona. Y de las formas que empiezan por ta-, las siguientes: tagora, tagoro y tagoror / tagóror. Es significativa, por defecto, la ausencia de todas estas voces en el Diccionario de la Real Academia Española, lo que marca su exclusividad canaria y su particularidad prehispánica.

El DDECan recoge goro con cuatro acepciones diferenciadas: la primera, la más general y registrada en todas la islas menos en Gran Canaria, como 'pequeño lugar cercado de piedras, casi siempre de forma circular, con usos diversos, sobre todo para encerrar un pequeño grupo de animales'; la segunda, específica de Fuerteventura, Gran Canaria y Lanzarote, como 'pequeña cerca de piedras para resguardarse del viento, especialmente como refugio de baifos'; la tercera, específica de El Hierro, como 'cueva natural que usan los pastores por la noche'; y la cuarta, específica de Gran Canaria, como 'cueva donde almacenar el barro de los alfareros'.

Obviamente se trata de sentidos varios de habla (propiamente variantes de contenido), a los que podrían añadirse otros tantos, como el que se desprende del uso moderno de goro en Gran Canaria para referirse a los círculos de piedra que los turistas han hecho en las playas de Maspalomas y del Inglés para protegerse del viento. Todos ellos apuntan a un único significado (o invariante de contenido) que podríamos formular como 'construcción rústica hecha con piedras sueltas, de pequeñas dimensiones y en forma circular o semicircular'; es decir, en la terminología de la semántica estructural: un semema compuesto por cuatro semas pertinentes: 'construcción rústica' + 'formada por amontonamiento de piedras sin juntura alguna' + 'de pequeñas dimensiones' + 'de forma circular'. A ellos deben añadirse los semas virtuales que resultan de sus múltiples posibles usos: para acorralar a animales menores, para guardar a los cabritos recién nacidos, para proteger a los árboles de los animales, lugar para resguardarse los pastores del viento, etc. Un uso especial tienen los goros en Canarias como 'pocilga' o cochinera, como ha puesto de relieve Manuel Alvar en uno de sus estudios canarios, precisamente titulándolo "Goro 'pocilga'" (1968: 111-114). Pero no se agotan en estos ejemplos la diversidad de sentidos que la palabra tiene en las distintas islas: nosotros hemos oído de un campesino de Montes de Luna, en La Palma, llamar goros a los cestos de carga que ponía sobre un mulo, y lo que de estos objetos podría justificar el nombre es la forma esférica que tienen.

De goran dice el DDECan que es forma exclusiva de El Hierro, como variante de gorón, palabra esta que nosotros no hemos registrado en aquella isla. Al contrario, es goran la única forma léxica que se usa de común en El Hierro para el significado 'cerca de piedras que se pone alrededor de los árboles frutales, especialmente de las higueras, para protegerlas de los animales'. Y de ahí la expresión muy común en El Hierro de "higuera engoronada" (Trapero 1999a: 133-134).

De gorona dice el DDECan que también es voz exclusiva de El Hierro con el significado 'muro de piedra de poca altura que sirve para protegerse de la intemperie y para abrigar del viento a las plantaciones y a los animales'. Por nuestra parte (Trapero 1999a: 133-134), certificamos el uso común de esta voz en El Hierro, pero solo como refugio de personas. Creemos que esta voz herreña es el paralelo exacto que tuvo la voz tegala en Lanzarote, ya desaparecida allí del uso común y solo atestiguada en la actualidad en su toponimia, y la voz tagora en Tenerife y La Gomera.

Gorete es interpretado por el DDECan como diminutivo de goro, y que ha sido registrado en El Hierro como 'murete que se hace alrededor de las plantaciones para protegerlas del viento', y en Gran Canaria como 'alberca, depósito de agua' y como 'abrevadero de animales'.

En cuanto a las formas que empiezan por ta-, el DDECan recoge tagora, tagoro y tagoror / tagóror. De tagora dice que se usa en Tenerife para 'muro de piedra semicircular, como de un metro de altura, para resguardo del viento'; equivalente -interpretamos nosotros- a la gorona de El Hierro y a la tegala de Lanzarote. De tagoro dice que es forma desusada y que es variante de tagoror, y que en Tenerife denomina las 'chozas de piedra como refugio del pastor'; es decir -interpretamos nosotros-, como la gorona de El Hierro. Y de tagoror / tagóror dice el DDECan que en Gran Canaria y Tenerife designaban, entre los indígenas, la asamblea o "reunión del consejo presidido por el guanarteme o el mencey" y los lugares donde estas se celebraban; y subrayamos lo de "designaban", como de un pasado histórico, de donde interpretamos que son voces muertas en el habla actual popular de las islas.

A su vez, tanto el DDECan como el Diccionario de canarismos citan el uso en La Palma de otra palabra goro, esta de origen portugués, que nada tiene que ver con el guanchismo estudiado aquí. Tiene tres acepciones diferentes: 1. 'huero, especialmente el huevo no fecundado', 2. 'que no preña a la hembra, dicho del macho cabrío' y 3. 'que no queda preñada, dicho de la cabra'. Y el Diccionario de canarismos cita el uso de otra forma goro en La Gomera (sin especificar ni naturaleza ni procedencia del término) como 'especie de lagarto pequeño'.

Finalmente, cabe decir que en La Gomera también se usa actualmente la voz goro, pero muy posiblemente como implantación reciente en la isla por influencia de los emigrantes gomeros retornados de Tenerife. Se trataría, por tanto, de una incorporación léxica moderna, presente únicamente en el léxico común, pues la variante tradicional de La Gomera y la única que aparece en su toponimia es Guro, y es desde ella de donde se han formado sus múltiples derivados, también presentes en la toponimia insular, según registros efectuados recientemente por Perera (2005: 9.81).

Documentación antigua

En contra de lo que manifiesta la frecuencia de uso en los tiempos modernos de toda esta serie léxica, y según se desprende del DHECan, las únicas voces con documentación antigua son las iniciadas por el segmento ta-: tagóror y tagoror, que, como vimos, son las voces curiosamente desaparecidas del uso actual. Tales términos, además de tagoro, aparecen de continuo en las datas de repartimientos de tierras en Tenerife, terminada la conquista de la isla, en los últimos años del siglo XV y principios del siglo XVI, siempre con la referencia específica a un lugar propio de los usos de la cultura de los guanches.

La función de estos lugares se declara en todas las historias primitivas de Canarias. Citaremos solo las dos fuentes principales: la de Espinosa y la de Abreu Galindo. Dice Espinosa:


El rey [...] sale de su casa al Tagoror, que era el lugar do hacía su consulta y recibía los pareceres de los de su consejo. Este lugar estaba delante de la puerta de su casa, en alguna llanura, y en circuito del ala redonda puestos a poco trecho unas piedras en que se asentaban el rey y sus vasallos al sol de Dios; y este Tagoror acostumbraban todos tener delante de sus casas, mayor o menor, según la calidad y posibilidades de la persona, donde se juntaban a sus conversaciones. Y era costumbre que, cuando algún huésped venía, no entraban en casa, sino sentábanse en el Tagoror sin hablar palabra, y cuando allí le veían salía el señor de la posada y entrábalo en ella (1980: 54).


Y dice Abreu Galindo, con más detalle en su descripción:


La manera y orden que tenían en juzgar era que el rey se ponía en un llano, donde estaba hecho un asiento, en que estaba puesta una piedra alta cuadrada, y luego a los lados otras piedras más bajas, puestas en orden, donde se sentaba el rey, el día que le parecía, y hacía audiencia; y a este lugar llamaban Tagoror, como 'lugar de cabildos' o 'audiencia' o 'ayuntamiento'; y oía a todos los que venían (1977: 300).


A partir de la investigación de la prehistoria canaria, se ha tenido a los "tagorores" guanches como un lugar de la mayor importancia social y de gran trascendencia en su vida comunitaria, algo así como "el parlamento guanche" donde se debatían y decían las cuestiones que afectaban a la comunidad. Eso es lo que se desprende del texto de Abreu Galindo, pero en la visión de Espinosa, los tagoros tenían también una función más doméstica, más sencilla y cotidiana, cual era la del lugar anterior a la cueva donde se sentaban a conversar o sencillamente a "tomar el fresco", algo parecido a los "mentideros" que aún quedan en algunas pequeñas localidades canarias y que en otros tiempos fueron comunes a cualquier poblamiento. De ahí la gran cantidad de tagoros reconocidos por Bethencourt Alfonso en Tenerife en tiempos modernos (finales del siglo XIX), como después referiremos. Pero es clarificador el análisis que este último autor hace del término tagoror, diciendo que, como el término ayuntamiento en el español actual, tenía tres acepciones bien diferenciadas: unas veces era la jurisdicción o término municipal, otras el edificio o lugar donde se reunían los concejales, y otras la corporación formada por estos. "Celebrar un tagoro -dice Bethencourt- equivale a celebrar una sesión el ayuntamiento, aunque los aborígenes le daban una extensión más amplia, la de constituirse en sesión cualquier organismo o diferentes personas para acordar sobre asuntos determinados" (1994: 209).

Acabada la función que los tagoros cumplieron en la vida de los guanches, es lógico que desapareciera poco a poco de la memoria colectiva de los nuevos pobladores isleños aquella referencia y que el uso de tales términos se fuera debilitando en el habla común hasta desaparecer. Porque, en efecto, cuando en el español de Canarias de hoy se usa el término tagoror, o más frecuentemente tagóror, se hace desde la erudición, trayendo a la actualidad un término extraído de las historias y crónicas antiguas. Pero debe dejarse constancia del apego que la cultura canaria actual tiene por esos nombres y por lo que en su época significaron, pues no de otra forma se explica su uso (y hasta abuso) en los nombres de asociaciones de vecinos, en restaurantes y hoteles, en radios y televisiones, en bodegas de particulares y de cooperativas y hasta en las modernísimas páginas web.

Otra cosa es su pervivencia en la toponimia, que sí puede interpretarse como la huella verdadera de lugares que cumplieron aquella función de reunión en concejo de la época guanche. Lo realmente llamativo es el reparto interinsular con que perviven las dos formas guanches, unas con el elemento inicial ta-, tales como tagoro, tagora y tagoror, y otras sin ese elemento, como goro, goran, gorona, etc., y tanto en la toponimia como en el habla común, y con referencias designativas plenamente adaptadas a los nuevos usos de los nuevos pobladores, como son las referidas más arriba: los primeros a los lugares de "consejos" guanches, y los segundos a una cerca de piedras para los árboles, un refugio para el pastor en el campo, un pequeño recinto para el ganado menor, etc. ¿Remitían ya en la lengua guanche estas palabras a estas mismas referencias? Es lo más probable, de tal manera que en este punto no ha habido sino continuidad, tanto lingüística como etnográfica, entre las dos culturas que se han sucedido en las islas, la guanche y la española. Y además, verdadera españolización ha habido de tales términos al someterlos con éxito a todos los procedimientos de multiplicación léxica a través de la flexión y la derivación. Pero si esto fue así, tendríamos que deducir que, en su lengua, los guanches diferenciaban las formas léxicas con el elemento morfológico inicial ta- (tagoro, tagoror, tagóror...) de las formas carentes de ese elemento (goro, goran...), reservando las primeras para el valor 'reunión de personas en consejo' y las segundas para el valor 'círculo de piedras' para usos varios. Una prueba de ello es que Bethencourt Alfonso en la riquísima documentación que hizo de la cultura de origen guanche del Sur de Tenerife, viva todavía a finales del siglo XIX cuando él hizo sus pesquisas, cita muchos tagoros de la zona, algunos de ellos convertidos en verdaderos topónimos, y además recoge la forma tagorero como 'jefe o encargado del tagoror'. Vale la pena dejar constancia de la opinión de este autor en torno a tan importante cuestión de la cultura y de la lengua de los guanches y de su conservación hasta tiempos modernos:


El tagoro era un corral circular de pared doble de piedra seca, como de 1 y 1'5 m de altura por 4, 5, 6 o más de diámetro, en consonancia con el número de auchones que componía el distrito. Constaba de un solo portillo, el suelo terrizo y apisonado, con una hilera en semicírculo de grandes piedras enterizas arrimadas a la pared, tantas cuantos eran los chaucheros o miembros del concejo, simétricamente colocadas a ambos lados de una central más elevada que las restantes y frontera al portillo, que ocupaba el presidente o tagogero. Para celebrar las sesiones cubrían los asientos o piedras de pieles, todas de un color menos la del presidente que era diferente y de más hermoso aspecto. Como referimos en otro lugar, calculamos existían en Tenerife 140 de estos tagoros correspondientes a otros tantos distritos entre todos los reinos, de los que habremos reconstruido 91 con testimonios irrecusables (1991: 298, n.33).


No se dice expresamente en este texto, ni en otros de los considerados históricos, pero sí parece desprenderse de toda esa documentación la diferencia semántica entre el tagoro como lugar donde se reunía la asamblea y el tagoror que era 'la asamblea en sí'. Un texto hay que, aunque poético, parece reproducir muy bien las costumbres de los aborígenes. Es de Viana, y aparece en el canto III de su Poema; en él describe el momento en que los guanches se retiran a sus tagoros para la vida comunitaria de la comida y el regocijo en un ambiente de abundancias y deplacidez naturales:


Recógense a sus cuevas y tagoros,
tienden las mesas, júntanse en corrillos,
ponen en ellas gofio de cebada,
leche, manteca, miel y varias frutas,
aunque silvestres de süave gusto,
rubios madroños y queresas (sic)2 negras,
bicácaros melosos y mocanes,
.........
gruesos carneros y los grandes gánigos
con las tamaraonas estimadas,
.........
varios manjares dulces a su gusto:
cierra la noche, y en el hondo valle
se ven resplandecientes luminarias,
comienza el baile y la entonada música,
hasta que a todos vence y rinde el sueño,
quieto reposo, al fin, de su cansancio.
(Viana 1991: canto III, 216-234).


La isla en la que mayor presencia tuvieron los tagoros fue sin duda Tenerife, y es en la toponimia de esta isla en la que con mayor abundancia se han conservado. Hasta 140 tagoros reconoció Bethencourt Alfonso en su reconstrucción de la vida guanche de Tenerife a partir de la toponimia y de su trabajo de campo en los años finales del siglo XIX y principios del XX. Un intento reciente ha habido por parte de Melo Dait (2007) de constatar los lugares que cita Bethencourt, "yendo a esos lugares y buscando en su toponimia y en la memoria de muchos viejos que aún recuerdan lo que le[s] contaban sus abuelos y mayores del lugar". El resultado ha sido desolador: la mayoría de esos lugares o han desaparecido o están "totalmente cambiados por la acción de las piquetas y el desmedido e incontrolado crecimiento urbanístico, y la acción depredadora de algunos 'incontrolados', que ignoramos los fines o intereses que les guían a destruir un patrimonio ancestral que lo es de toda la humanidad". Y concluye Melo Dait (2007: I): "El único tagoro que en la actualidad queda intacto se encuentra en Bujame", en la zona de Teno Alto, municipio de Buenavista del Norte, precisamente uno de los no conocidos por Bethencourt Alfonso, por no haber podido indagar en esa zona de extrema fragosidad del terreno.

Análisis filológico

Los términos goro y tagoro cuentan con una larga y antigua serie de análisis e interpretaciones desde el bereber por parte de quienes se han dedicado al estudio de los guanchismos. El término goro admite un paralelo bastante seguro en el bereber moderno: agrur con el significado de 'cercado o círculo de piedras, montadas unas sobre otras, que sirve para guardar el ganado menor', tal como se registra en la toponimia menor del área bereber. Jordan Antoine (1934: 19) lo recoge con el significado de "redil para el ganado menor". Desde el punto de vista morfológico, la forma resultante goro acusa el fenómeno de la elisión que suele afectar de forma frecuente la estructura de los guanchismos: aféresis del prefijo a- y apócope de la consonante -r en posición final absoluta, con cambio vocálico u > o. Estas pérdidas también ocurren dentro del bereber: por ejemplo, fus < afus 'la mano', fud < afud 'la rodilla', dar < adar 'la pierna', etc. Atendiendo, pues, a estas consideraciones la forma goro procede de la categoría morfológica que hemos denominado modelo a-.

Pero contamos con otras referencias bereberes de aplicación al término canario. Abercromby (1990: 45) clasifica la palabra tagoror entre las voces que tienen una explicación segura desde el bereber; toma la forma tagoror de las fuentes históricas y dice que era 'el lugar de reunión', situado generalmente delante de cada casa, donde se reunía la gente para hablar; y la compara con la voz del chelja agrur (pl. tágrut) 'un patio, recinto' y con el cabila tagrurt 'un pequeño cercado para cabras'. Giese (1949: 200) relaciona el término guanche tagoror 'la asamblea' con la voz del tuareg tahrut 'grupo de personas, sociedad' y con la del silha taurut 'grupo de personas'. Por su parte, el Padre De Foucauld (1951: 336) dice lo siguiente de la voz bereber agoror: "Agror es una cerca de piedras secas de alrededor de 1 m de diámetro y 0,75 de altura sirviendo para reunir el ganado menor para volver a encontrarlo fácilmente y desviarlo de la atención de los ladrones". Por la suya, Laoust (1939: 283) da cuenta de la forma del chelja agrur, femenino-diminutivo tagrurt, plural tigurar, por alternancia dialectal u/a, con el valor de 'aprisco para el ganado'. Y tanto Reyes García (2003a: 130) como De Luca (2004: 171) coinciden con la interpretación más generalizada sobre el étimo bereber agrur o gurur con el significado de 'pequeño corral o cercado de piedra, dispuesto en forma circular, para guardar el ganado menor'.

No podría faltar aquí la opinión de Wölfel (1996), pues aunque coincide básicamente con las interpretaciones anteriores, su análisis tiene siempre el valor de quien más ha hecho por conocer la lengua guanche. En dos epígrafes de sus Monumenta trata de estas voces, naturalmente en la parte IV dedicada al material lingüístico con significado conocido: de tagoror en las págs. 550-551, y de goro en la 578. Cree Wölfel que los tagorores de los guanches participaban de la misma cultura megalítica de otras regiones del Mediterráneo, entre ellas la de Micenas, y que desde el significado básico de 'espacio cercado con piedras' o 'círculo de piedras' se pasó a significados secundarios como 'lugar de reunión' y 'corral para el ganado', este segundo aplicado específicamente a la forma goro.

Para esta designación de 'corral para el ganado', además de goro, recoge Bethencourt Alfonso (1991: 252-253) otras voces que debieron estar vinculadas a ella pero que hoy han desparecido, como gochos, góiry, góuro, gurancho y guncho.

Finalmente, nuestro amigo Rafael Esparza, que conoce la lengua bereber por estar casado con una mujer rifeña, nos dice que la voz goro existe en el Rif de Marruecos con formas variantes de pronunciación que remiten siempre a un refugio de ganado pastoril. Y que incluso hay una ciudad de mediano tamaño cerca de Anual que se llama "algo así".

Simplificando mucho las cosas, puede decirse que existen cuatro formas en el bereber bien delimitadas morfológicamente que pueden ser consideradas como las raíces desde las que explicar las múltiples formas guanches, a partir de las categorías gramaticales del género y el número:




Singular

Plural

Masculino

agrur > goro (y derivados)

igura (sin presencia en el guanche)

Femenino

tagrurt > tagoro (y derivados)

tigurin / tigurar > tigorín, tegoray, tegora, chigora, etc.

1 Es posible que la fijación de la forma guro en La Gomera para 'la construcción de piedra seca en forma circular' se deba a una distinción léxica con la forma goro que en esa isla se usa para denominar a distintas especies de insectos, especialmente a las mariposas nocturnas de gran tamaño y al escarabajo conocido científicamente como Oryctes nasicornis (Perera López 2005: 23.98).

2 Así dice la versión del Poema de María Rosa Alonso por donde citamos, que transcribe exactamente el original, según la edición facsimilar de la obra de Viana publicada por el Ayuntamiento de La Laguna en 1996 (fol. 46v.), y que se ha interpretado como "cerezas", pero está claro que aquí hay un error posiblemente debido al primitivo editor del Poema: el poeta sin duda se refiere aquí a las "creseras" negras, los pequeños frutitos del haya canaria que sabemos comían los aborígenes. Ver la entrada Cres de este diccionario.

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ISLA   GRAN CANARIA, LANZAROTE


MUNICIPIO    Teguise, Tejeda, Telde


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